Muchas risas, aplausos, exclamaciones y «Jean Philippe c’est un professionnel». Esta es la banda sonora de uno de los espectáculos que ha desfilado por el Circo de Navidad, en plena plaza de los Jardines de don Diego de Aranda. Una pequeña y recogida carpa que deja fuera el frío invernal y donde se materializa el milagro de estos días: Da igual la edad que tengas, una vez dentro te conviertes en un niño.
Los espectáculos, de unos 50 minutos, se han convertido en la sensación de estas fechas especiales. Desde su estreno, el Circo de Navidad arandino ha sido un éxito. «Está lleno todos los días y hay colas para conseguir invitaciones», celebra Sara Martínez Lázaro. «Los tres espectáculos están gustando mucho. La gente nos lo agradece y siente que es algo distinto», reconoce esta artista arandina que, aunque reside en Bruselas, se muestra feliz por haber estrenado esta iniciativa en su tierra natal.
Dentro de la carpa, Jean Philippe Kikolas, el cartero al que da vida el burgalés Quique Méndez, despliega sus torpezas, malabarismos y enredos, mientras repite que él es «un profesional». Frente a él, las caras de los 140 espectadores, con independencia de la edad, reflejan la ilusión que provocan los clown clásicos, como esos a los que daban vida Keaton o Chaplin.
En otro tono, el espectáculo de Sara Martínez Lázaro, Claudette están dejando huella entre los espectadores. «Mucha gente se emociona, se les caen las lagrimitas… pero también nos reímos todos», comenta su creadora con una sonrisa, porque «toca el corazón de una forma tierna y ligera». Sara observa con emoción cómo los adultos se dejan llevar por el encantamiento del circo: «Da igual la edad que tengamos: todos volvemos a ser niños dentro de la carpa. Es genial ver a una abuela reírse junto a su nieto», confiesa. Esa comunión es, precisamente, la esencia de Claudette, porque «habla de las abuelas, del cariño, del paso del tiempo… y de cómo compartimos todo eso entre generaciones», resume Sara.
Más allá del éxito de público, lo que emociona a Sara es ver cómo Aranda acoge una propuesta que combina poesía y ternura en Navidad. «Queríamos ofrecer algo diferente, no solo luces y ruido, sino una experiencia que tocara la parte más mágica y profunda de estas fechas». Y, a la vista de los rostros y reacciones del público, lo han logrado con creces.
Fuente original: www.diariodeburgos.es