La estrella del valle de valdebezana: un caballo

Su nobleza, su gran corpulencia, el pelaje castaño y la crin abundante, un tronco ancho y extremidades musculosas, sin destacable altura. Estas son las cualidades más reseñables del caballo hispano bretón, una especie autóctona de Castilla y León, Cantabria y Aragón que antaño se utilizaba para el trabajo de carga por su gran fuerza y que actualmente se encuentra amenazada por riesgo de extinción. Aunque ayer un buen número deslumbró al público en Soncillo durante la Feria de San Marcos. «La iniciativa nació hace 25 años del deseo de ayudar a los ganaderos de la zona que disponían de ejemplares de esta raza», explicaba el primer teniente alcalde, Alfonso Pérez. 

Con el Valle de Valdebezana como escenario natural, más de 90 animales de 18 explotaciones ganaderas recibían las carantoñas y elogios de las familias y aficionados que se habían acercado al recinto ferial para disfrutar de la cita. Entre los barrotes contemplaban a las yeguas cuidando de sus potrillos o a los imponentes sementales adultos, así como algún ejemplar de losino. En uno de los cercos se encontraba Alberto Iglesias, del Valle de Mena, junto a Higo, su hispano bretón. «Venimos todos los años con caballos que forman parte del libro genealógico de la raza y estamos dentro de la asociación de Burgos. La feria es importante que no se pierda porque están en peligro de extinción», explicaba el ganadero mientras Higo relinchaba nervioso por su primera participación en el concurso. «Antes había algún premio más, pero ahora hay cinco categorías y siguen dando ayudas para el transporte. Está bien, sino vendría menos gente porque tiene su riesgo y es complicado preparar y traerlos hasta aquí», aseguraba el señor.

El tradicional encuentro priorizó este año la participación de explotaciones del norte de la provincia, quedando fuera aquellos de Cantabria y Navarra. Además, solo se ha exhibido ganado equino y asnal «dada la dermatosis nodular contagiosa presente en los vacunos, se ha preferido no contar con ello para evitar la propagación de enfermedades entre los animales», según comentaba el concejal. Aunque turistas como Silvia Pizarro tenían «gana de ver más animales y me da pena que no hayan podido venir». Esta joven de Villarcayo visitaba por primera vez la Feria de San Marcos, «he venido porque me gustan los caballos y estos en concreto me parecen muy bonitos». 

Silvia escudriñaba con atención a los ejemplares que iban entrando al área del concurso de morfología. Se trataba de la categoría de hembras de 24 a 36 meses y cada concursante posaba con su dueño ante un jurado de tres expertos que le mandaban dar un par de vueltas sobre sí mismos para contemplar bien sus cualidades físicas. «Lo que valoramos es el patrón racial, que es un texto que detalla el ideal del hispano bretón. Hay 10 zonas corporales que vamos analizando y restando puntos si presentan algún defecto», afirmaba Sergio Nogales, el director técnico de la Federación del Hispano Bretón. En esa categoría, Dama de la Ganadería Ainar de Herbosa se hacía con el oro. «Esto es una recompensa a todo el esfuerzo que conlleva el cuidado de los animales», valoraba orgullosa Aitana Álvarez, quien ayuda a sus padres en la explotación mientras cursa sus estudios universitarios. 

Aunque el protagonista de Soncillo fuera el caballo, también hubo espacio para un mercado de alimentos típicos, ropa y objetos para la monta de animales y antigüedades dispuesto al inicio del recinto ferial. Además, hubo un concurso de olla ferroviaria realizada a base de patata y carne de potro, un variedad muy rica en hierro y más dulce y dura. «Para contrarrestar su dulzor le echamos vino blanco y más sal de la habitual», confesaba Alfonso Velasco, un cántabro que cocinaba por primera vez el producto junto a sus compañeros del equipo ‘Cucarachos de Oruña’.

Tras la entrega de premios y para dar fin a las competiciones, tanto equinas como culinarias, los espectadores se deleitaron con la actuación del Duende Ecuestre.

Fuente original: www.diariodeburgos.es