La vida de Inés Gárate María (Salas de los Infantes, 1950), está íntimamente ligada al mazapán. Ha pasado la mayor parte de ella envuelta por el aroma que brota al mezclar almendras, huevos, azúcar y miel, únicos ingredientes con los que se elabora el producto artesano que sale del Obrador de Santo Tomé, en Toledo, un referente en producción de mazapán más allá de nuestras fronteras y en activo al menos desde 1856. El destino fue tejiendo los hilos para que esta activa mujer, que estudió en la primera promoción del colegio alemán San José de Salas, fuera durante casi medio siglo la gerente de un negocio familiar que endulza los días de toledanos y visitantes.
Una vez que finalizó su formación en Magisterio en la ciudad milenaria de la mano de las hermanas, Inés se instaló en Madrid para continuar con su aprendizaje. Estudió en la Escuela de Publicidad y en la capital fue donde conoció a Juan Ignacio de Mesa, su marido, que estudiaba en la Complutense. Ambos ya desarrollaban su vida profesional allí antes de casarse, él en el Banco Urquijo y ella dando clases de formación profesional, pero les reclamaron desde Toledo, la ciudad originaria de él.
El hermano de Juan Ignacio había creado una empresa y le pidió ayuda en cuanto a gestión económica, y respecto a ella, su suegra, Ángela Ruiz Caballero, quinta generación al frente del obrador y mujer que marcó un hito por ser empresaria cuando todavía las féminas no compartían derechos con los hombres, le invitó probar.
«¿Y mis clases?», le preguntó Inés. «Te pago más y te compro un coche», le contestó ella. Lo que Ángela, madre de tres varones, quería, es que la tradición familiar siguiera reinando en el negocio. «Fue una mujer muy avanzada y extraordinaria a la que le hacía ilusión que sus hijos siguieran con la confitería, pero para ellos, entonces, era la pastelería de mamá», cuenta Inés.
Corría 1972, ella apenas tenía 22 años y decidió probar. «Pedí una excedencia por matrimonio y me puse la última de un equipo para aprender. Me empezó a apasionar y al año y medio le dije: creo que me quedo, y desde entonces he estado solo casi 50 años», explica Inés, que de los 65 a los 70 siguió trabajando con jubilación activa, «cotizaba la mitad e iba la mitad», matiza, y actualmente sigue vinculada porque forma parte del consejo. «Me paso por las confiterías con frecuencia y de vez en cuanto me llaman para consultarme. Yo me hago la víctima, pero me encanta», bromea. Lo hace mientras lee, va al cine, al teatro o a recitales musicales en Madrid, cuida del jardín la temporada que pasan en la casa, colabora con una red vecinal del Casco Viejo o ejerce de consejera de otras dos compañías. No es una jubilada al uso, su agenda está llena de citas, de desayunos… «Qué va. Más que estar ocupada me ocupo yo. No me quiero perder nada», dice entre risas.
Casi cinco décadas como gerente del Obrador Santo Tomé, donde también elaboran otros dulces, no son como para pasarlas por encima. Sus primeros años en ella coincidieron además con el crecimiento profesional de su marido, que fundó la Federación Empresarial Toledana y que presidió entre 1976 y 1979, y fue alcalde de Toledo desde 1979 a 1983. «Coincidió con la aprobación de la Constitución y el desarrollo de las autonomías. Fue una etapa muy interesante en la que conocimos a gente de primer orden», relata de aquella época, donde «España era como un erial intelectual, donde la gente universitaria se podía desarrollar de una manera plural e intensa».
(El reportaje completo y más fotografías históricas, en la edición impresa de este sábado de Diario de Burgos)
Fuente original: www.diariodeburgos.es