La condición de conjunto histórico que ostentan Gumiel de Izán, Haza, Peñaranda de Duero y Vadocondes, lejos de facilitar la conservación de sus cascos antiguos, supone un freno para su rehabilitación. Los alcaldes de estas localidades reconocen que las estrictas exigencias de la normativa patrimonial dificultan las reformas, elevan los costes y provocan largos retrasos en la ejecución de obras, lo que desincentiva a los vecinos e impide el crecimiento demográfico.
Jesús Briones, alcalde de Gumiel de Izán, asegura que las obras se complican en gran medida y echan para atrás a algunos vecinos a la hora de invertir en una rehabilitación. «Hay casas que se están vendiendo y no pueden hacer nada porque primero hay que presentar un proyecto muy específico», relata el primer edil. El procedimiento actual, ralentiza mucho las intervenciones y hace que pueda alargarse hasta dos o tres años por la complejidad de conseguir la aprobación por parte de Patrimonio, algo que, según explica Briones, ya ha puesto en conocimiento de las administraciones competentes.
Estas situaciones se repiten en el resto de conjuntos históricos de la zona . «Muchas veces tenemos que tener control arqueológico, además de que, los materiales que en otros pueblos sí puedes poner aquí están prohibidos», apunta Antonio Muñoz, alcalde de Haza. Esto incluye, por ejemplo, la obligatoriedad de instalar ventanas de madera o utilizar teja tradicional, sin posibilidad de usar imitaciones. «Esto claramente afecta en el incremento del coste y alarga los plazos de construcción, porque hay que pasar por la Comisión de Patrimonio y ahí te dicen lo que puedes o no puedes hacer», añade Muñoz.
El alcalde de Vadocondes, Luis Javier Herrera, denuncia las complicaciones que genera la restauración de muchas casas, algo que cada vez se vuelven más complicado debido al deterioro de las fachadas y los interiores, que se incrementa con el tiempo. A esto se suman las limitaciones arquitectónicas. «Una casa vieja no deja de tener habitaciones o muy pequeñas o muy grandes, no son como las que buscan las personas de hoy en día», cuenta el edil. La imposibilidad de adaptar estas viviendas a las necesidades actuales por las restricciones a la hora de modificar fachadas hace que muchas personas desistan de rehabilitar.
Estos problemas se concentran sobre todo en las zonas del casco antiguo de las localidades, precisamente los espacios que se han convertido en recursos turísticos para atraer a visitantes. «Estas normas están escritas para conseguir tener un pueblo bonito, pero es una pena que al final deriven en tener más ruinas», aclara Briones. Según cuenta el alcalde de Gumiel de Izán, en el pueblo hay dos o tres casas, justo en frente de la iglesia principal, la Petra Castellana, que están en ruinas o hundidas.
Muñoz, por su parte subraya que en Haza no hay más ruinas que en otros pueblos, aunque admite que las dificultades interfieren directamente en la decisión de los vecinos a la hora de poner en marcha la rehabilitación de una vivienda. «Cuando te ponen más condiciones y se alarga la obra, pues siempre se traduce en dinero», lamenta el primer edil.
Precisamente, en referencia a este aumento de los costes, Herrera señala que, aunque existen ayudas para poner en marcha rehabilitaciones en estos pueblos, conseguirlas resulta bastante complicado. «Es muy difícil llegar a este tipo de subvenciones y esto agrava el problema económico», aclara el alcalde de Vadocondes en referencia a las dificultades administrativas con las que se encuentran los vecinos. «A veces no sabes cómo hacer bien una solicitud o cómo se adapta a lo que Patrimonio quiere», apunta y lamenta que si no se buscan alternativas el centro del municipio va a acumular muchas más ruinas.
Por otro lado, las zonas que quedan fuera de los núcleos protegido presentan menos obstáculos. «Las afueras siguen siendo rigurosas, pero ya se puede poner otro tipo de materiales», explica Jesús Briones. Esto ha derivado en que muchos vecinos prefieran construir fuera del casco histórico, pese a que eso suponga perder el valor histórico del entorno.
Fuente original: www.diariodeburgos.es