La valentía de restaurar en solitario un palacio en un pueblo de Burgos

Lo más difícil creo que ya está hecho, que es resistir, ser constante, hacer hoy un poco, mañana un poco y al otro, otro poco», resume Javier Minguito Sancho, el propietario desde 2018 del palacio y la casa fuerte de Villalaín. Con lazos en Villarcayo y Merindades, un cartel de venta le llamó entonces la atención. Posiblemente, no imaginó que ocho años después habría invertido 94.000 euros en este lugar que le ha conquistado desde el principio, aunque si contabilizase el valor del trabajo personal que ha desarrollado, la factura subiría 300.000 euros, según sus cálculos.

DB visitó el palacio en 2022 cuando proyectaba comenzar pocos meses después a restaurar el tejado de la torre. Pero las cosas de palacio han ido despacio. Las obras de renovación de la cubierta del edificio acabaron hace pocas semanas y comenzaron realmente el otoño pasado. Este arquitecto técnico, también volcado en investigar los orígenes de la familia de los Isla que da nombre al palacio, las ha ejecutado en solitario después de que una empresa especializada le dijera en el último momento que renunciaba a hacerlas. No quería seguir arriesgándose a que solo unos toldos protegieran el edificio y decidió «enfocarlo de manera personal». Se ha ayudado tan solo del apoyo de una grúa durante dos horas en dos jornadas diferentes para subir materiales, así como de una empresa que mecanizó en 3D una reproducción exacta de la estructura original y semihundida cuando la vio por primera vez.

Una polea ha sido uno de sus principales apoyos y un toldo le sirvió para trabajar a cubierto en los días más fríos y a contrarreloj con el fin de evitar que la lluvia hiciera daño a la torre, sin techumbre en aquellos momentos. Ahora, una estructura de madera de pino Soria ya sostiene la techumbre cubierta con tejas centenarias traídas de Quemada, su localidad de la Ribera del Duero. Javier no ha modificado nada en la casa torre, ni lo pretende, porque le mueve el interés de respetar al máximo lo que queda del siglo XIV. Cuenta con autorización de Patrimonio también para resolver el problema que la carga de las vigas sobre las ventanas ya está causando y para renovar el suelo de sus cuatro plantas.

Javier Minguito Sancho empezó en 2018 por la limpieza y el desescombrado tras comprar el legado de los Isla en Villalaín, pero ahora también se ha atrevido a construir la nueva estructura y cubierta de la casa fuerte del siglo XIVLa valentía de Restaurar un palacio en solitario – Foto: A.C.

En 2024, esa vez con algún apoyo profesional, ya se enfrentó a la renovación de tejado de la que es su casa, una construcción dentro del recinto amurallado del palacio, donde ha realizado toda la reforma interior. Antes desarrolló un ímprobo trabajo de limpieza de la hiedra que todo lo colonizaba y de desescombro de los derrumbes que se acumulaban en el interior de los edificios abandonados a su suerte hasta la llegada de este valiente propietario.

La calidad de la madera de roble de las estructuras ha hecho posible que su vida se alargara más allá de lo habitual. Minguito se fijó mucho en ella cuando compró los edificios y tratará de conservar todo lo que se encuentre en buen estado. Cualquier detalle le ayuda a forjar la historia de su casa palacio. Una moneda acuñada en tiempos de los Reyes Católicos apareció en la escalera del palacio, lo que sitúa la edificación en el siglo XVI. Realizar el trabajo en solitario, sin apoyo de empresas, también le permite descubrir esos pequeños vestigios históricos que tanto le gustan.

Sigue buscando un inversor que impulse el avance de las obras para reconvertir los edificios en un alojamiento turístico que pueda devolver parte de lo ya invertido. En estos años también ha eliminado la línea eléctrica que restaba belleza a la fachada del palacio y ha descubierto uno de los arcos de entrada, antes cegado. Con los sillares obtenidos ha reconstruido parte de otro inmueble del complejo, cuya esquina se cayó en 2010.

Javier Minguito Sancho empezó en 2018 por la limpieza y el desescombrado tras comprar el legado de los Isla en Villalaín, pero ahora también se ha atrevido a construir la nueva estructura y cubierta de la casa fuerte del siglo XIVLa valentía de Restaurar un palacio en solitario – Foto: A.C.

Lamenta la escasa ayuda de las instituciones, como la que permite deducir el 15% de lo invertido vía IRPF, pero que se esfuma si cuentas con unos ingresos de tan solo 21.000 euros anuales. Minguito, crítico con estas políticas que no están al lado de quienes recuperan el patrimonio o con la falta de respuesta de la Fundación Hispania Nostra a su consulta sobre esta cuestión, luchó para que el Ayuntamiento villarcayés bonificara la licencia de obras en inmuebles protegidos. Y lo logró, aunque solo lo apoyaron desde la bancada del PP, puntualiza. Ahora también tratará de obtener la ayuda de 30.000 euros que otorga la Junta de Castilla y León, aunque el hecho de que él mismo ejecute los trabajos es un inconveniente, porque no se contabiliza y solo puede presentar facturas de materia.

Pese a todo, «llueva o nieve», Javier trabaja todos los días laborables de 3 a 4 horas en su obra. Una vez concluye con su jornada en la central nuclear de Santa María de Garoña continúa con la que podría considerar la obra de su vida. Tiene 52 años y no le corre prisa. Los resultados se van viendo poco a poco. Mientras, la cercana ermita de Santa María del Torrentero (BIC), donde yacen María Gómez de Isla y Pedro Díaz de la Peña, de la casa de Villacomparada de Rueda, sigue esperando el impulso de la Junta de Castilla y León a su restauración.

El origen del linaje pudo estar en Merindades

La historia sitúa el origen del linaje de los Isla en Cantabria y así lo ubica en el Becerro de las Behetrías de Castilla en 1352, pero Javier Minguito está cada vez más convencido de que su origen se encuentra en Merindades. En su búsqueda de información sobre el pasado de su propiedad y quienes la hicieron posible, ha llegado a Fernando Gómez de Isla, a quien ha localizado en legajos y documentos citado como yerno de los todopoderosos Velasco. En 1174, en el Cartulario de San Millán de la Cogolla se escribe por primera vez el apellido de Isla para nombrar a Fernando González de Isla. También fue testigo en 1218 de la venta de unas tierras en la localidad de Tamayo, pedanía de Oña.

Otro valioso documento de la familia es el testamento de Inés Fernández de Isla, fechado en 1342. Esta monja del monasterio de las Huelgas mencionaba en sus últimas voluntades sus «heredamientos en Villalaín, Bisjueces, Modúbar, Santa María de Bárcena, Barcenillas, Quintana de los Prados y todo lo que tiene en Castilla Vieja y en la montaña, que debe venderse». Así, se demuestra que antes de su muerte, ya estaban los Isla en la comarca de Merindades.

Otro de sus estudios se centra en el escudo del palacio, especial por su estandarte, un elemento poco habitual y que Carlos I concede a los Isla en 1535 por su apoyo en la toma de la fortaleza de la Goleta en Túnez. La fortaleza y el mar Mediterráneo también aparecen en el blasón.

 

Fuente original: www.diariodeburgos.es