Arrepentidos los quiere Dios pero no las cismáticas de Belorado, que han aprovechado el segundo aniversario de su levantamiento contra la Iglesia católica para difundir en los foros sedevacantistas una incendiaria carta en la que además de cargar contra todos lo que consideran sus enemigos acusan a dos excompañeras de convento de entregarlas «como Judas» con imputaciones falsas «de múltiples delitos» ante la Guardia Civil y la jueza de Bilbao que las investiga por administración desleal, coacciones, trato degradante, omisión del deber de socorro y abandono a las cinco monjas ancianas que tenían a su cargo hasta que una comisión judicial se las llevó a otros monasterios de la Federación de Clarisas de Aránzazu.
En la carta, datada en Toledo, reconocen hallarse «sin monjas, sin entidad religiosa, sin bienes, sin dinero, sin empresas, sin NIFs, sin amigos ni benefactores, sin prestigio social, sin conventos (los otros dos ya en proceso de desahucio), y con pleitos y pleitos y pleitos para años» y terminan por suplicar a los sedevacantistas que las ayuden «a encontrar un lugar, un inmueble con finca, donde poder vivir con dignidad nuestra vida claustral, de recogimiento, oración y soledad», aunque en estos dos años han estado más tiempo en televisiones y juzgados que en la capilla.
El ajuste de cuentas con las dos consideradas traidoras, sor Paz y sor Adriana, resulta demoledor. Explica que se marcharon en agosto y octubre de 2024 «una por miedo al Comisario -según manifestó públicamente-, otra no dijo nada, y se fugó. Ahora bien, lo que habló de Bergoglio y de Iceta, aún se escucha en las paredes, ¡qué odio expresaba desde hacía varios años! Fueron bien idas. Al enemigo puente de plata», concluyen en referencia a las dos religiosa a las que se les ha levantado la excomunión. Pero también disparan contra los vecinos de Belorado y otras personas cercanas al convento de La Bretonera que se han sentido traicionados por ellas desde 2024. «Cientos de personas dejaron de hablarnos, ayudarnos… si escupieron, no lo sabemos. Se decían amigos y nos dieron la espalda. Ahora a todos se les llenaba la boca con «las exmonjas» y otras lindezas», les contestan.
Las 5 páginas que recogen su particular relato de estos dos años tampoco ahorran calificativos contra la jueza delTribunal de Instancia de Briviesca, que dictaminó su desahucio del monasterio de Belorado y que las investiga en varias causas penales por la venta de lingotes de oro, de obras de arte y por estafa, entre otros delitos.
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Fuente original: www.diariodeburgos.es