Las vacas de Austria embelesan a Aitor Matute, que cuida 80 reses en un pueblo de Burgos

Aitor Matute solo necesita abrir una aplicación en su teléfono móvil para comprobar que el rebaño no se ha dispersado. En el caso de que alguna de las ochenta vacas de raza pura Fleckvieh intente salir del terreno adquirido por el joven empresario se llevará un indeseado aviso a través de los collares inteligentes que usan, y si las cosas se ponen feas basta con conducir unos pocos kilómetros -no más de dos o tres- para hacerlas entrar en razón. El cambio de residir en la ciudad -Burgos, aunque procede de Andoain (Guipúzcoa)- a establecerse en Santa María del Invierno, el fallecimiento del pastor del pueblo y un viaje a Austria cambió el rumbo de su vida hasta el punto de dejar su empleo fijo como comercial de sistemas de seguridad y embarcarse en la puesta en marcha de una explotación ganadera. Jamás se había planteado dedicarse a este sector pero tras recibir formación  durante 6 meses comprendió que la decisión era la acertada.

Durante ese periodo de tiempo también surgió la posibilidad de pujar por las fincas del pueblo y sin tampoco tener demasiada idea en el negocio de la agricultura -realizó un curso de incorporación agraria- se lanzó a la piscina, como él dice. Junto a su socio, Eros Ceballos, cultiva setenta hectáreas de trigo, cebada y girasol. 

Montar un negocio así implica una gran inversión y dedicación, pero merece la pena» 

Aitor Matute Rubio, ganadero y agricultor

Lo de las vacas llegó después. «Comprobé lo que podía llegar a ganar un ganadero, las subvenciones a las que pueden optar y la subida del precio de la carne acaparaba los titulares de las noticias. No podía dejar pasar la oportunidad y comenzó la aventura de buscar a las mejores», comenta. Las que le ofrecían en España no le gustaban porque «cada una tenía una edad» y no lo veía «fiable». Asegura que le proponían «comprar lo que no quería nadie y yo no estaba por la labor», añade. Tras un periodo de cierta desesperación por no encontrar lo que buscaba, coincidió con el empresario gallego -de Ganados Barreira Bascuas- que le abrió las puertas al cielo. Viajó hasta el país de Los Alpes para conocer los ejemplares que mejor se adaptaban a su proyecto. Y allí, en las subastas en las que participó durante una semana, adquirió los primeros 33 ejemplares por un módico precio de 3.400 euros por cabeza y el camión en el que las trasladó hasta el entorno del Puerto de la Brújula a una altitud de unos 1.000 metros, junto al parque eólico Llanos de San Martín. Su rusticidad y capacidad de soportar las bajas temperaturas de la zona convencieron al emprendedor. El trabajo genético también resultó básico desde el inicio del proceso selectivo y adquirió animales de alto valor genético con idea de mantenerse en la misma línea. 

Una pareja de burros y su cría -nacida en Santa María del Invierno- conviven con el rebaño de vacas.Una pareja de burros y su cría -nacida en Santa María del Invierno- conviven con el rebaño de vacas. – Foto: S.F.L.

Pura raza. A diferencia de lo que sucede con otras razas, los ejemplares de genética Fleckvieh no necesitan unos cuidados especiales ni de un manejo delicado. El ganadero ha construido varias infraestructuras con tejavana para que se protejan del viento y del frío pero «apenas las utilizan», manifiesta.

Por las características del rebaño, Aitor cuenta con dos opciones de comercialización: la venta de los terneros para mataderos «la carne es extraordinaria», asegura, y para vida. Para alimentar a sus vacas, que comen alrededor de 30 kilos diarios, cuenta con 600 hectáreas de terreno; durante la primavera, los animales pacen sin comer nada más que pasto. Cuando se seca, les sirven paja de cebada que cultiva y algo de alfalfa. 

Algunos de los 33 terneros que han nacido en la explotación burebana.
Algunos de los 33 terneros que han nacido en la explotación burebana. – Foto: S.F.L.

Desde que arrancó el negocio en verano de 2024 han nacido 33 chotos y actualmente todas las vacas están preñadas. A pesar de que montar la ganadería le supuso una gran inversión -cerca del medio millón incluyendo maquinaria e instalaciones-, el vasco tiene claro que «merece muchísimo la pena».  

Fuente original: www.diariodeburgos.es