El empuje de los vascos en la economía de la comarca de Merindades llega se evidencia en el mercado inmobiliario y en la ocupación de plazas en las residencias de mayores. La venta de viviendas ha tenido un auge espectacular en los últimos meses y prácticamente todo se compra de forma inmediata, mientras que desde los geriátricos confirman que la mayoría de sus usuarios también proceden desde la comunidad vecina.
«Este último año ha subido muchísimo la demanda de vivienda, de alquiler y de compra, tanto para segundas residencias como de gente que viene a vivir y se va a trabajar al País Vasco todos los días», explica Sarai Sainz, de Inmobiliaria Garay, en Medina de Pomar. «Desde verano hasta ahora está subiendo muchísimo la venta, hasta míticas casas que no recibían mucho interés antes», manifiesta.
El precio también se ha elevado algo en la comarca debido a que «los propietarios están viendo que se está vendiendo todo, aunque igual no tanto como en otras partes del país». Por poner algún ejemplo, un piso que antes no despertaba interés por 80.000 euros se ha acabado vendiendo en este momento por 105.000 euros. «Lo tuvimos hace tres años y no se vendía, pero ahora ha encontrado compradores en un solo día sin rebajarlo ni nada», expone. Ahora mismo en Medina «apenas hay pisos» porque se han adquirido todos y los que salen al mercado vuelan.
Linda y Sarai, de la Inmobiliaria Garay, de Medina de Pomar. – Foto: Luis López Araico
Según explican desde esta inmobiliaria de Medina, siempre ha habido gente de Bilbao interesada en contar aquí con una segunda residencia puesto que otros puntos como Laredo o Castro-Urdiales tienen precios más elevados. Pero ahora existe un cierto ‘boom’. «Los empadronamientos también están creciendo», asegura.
Este año ha subido muchísimo la demanda de alquiler y compra, tanto para vivir como para segunda residencia. Ahora se vende todo y apenas hay pisos»
Sarai Sainz, Inmobiliaria Garay (Medina)
Sin embargo, el interés no solo se está produciendo en Medina y se extiende a todo el entorno. «Se están vendiendo casas en todos los pueblos, se vende todo, hay gente que está harta de las ciudades y quiere una segunda residencia en un pueblito, ya que también sale más barato», dice Sainz.
La razón principal que mencionan para que se esté experimentando este auge es el precio más atractivo de Merindades. «En Bilbao está todo carísimo, alquilar un piso de una habitación te cuesta 1.000 euros o más», expone, a lo que se suma también la cercanía y que cuentan con todos los servicios esenciales.
En esta misma línea se expresan desde la Inmobiliaria Villahermosa de Villarcayo. «Hay bastante demanda de vivienda principal y secundaria, pero en este momento tenemos escasez de pisos», asegura Natalia, que menciona también que en 2025 había bastantes inmuebles a la venta y ha sido este año cuando se ha detectado esa falta de oferta. Además, coincide en que entre las principales motivaciones para que acuda la gente del País Vasco se encuentra que los precios son más atractivos aquí. Y a ello se añade que se localizan a tan solo una hora de distancia.
Alcaldes como el de Villarcayo, Adrián Serna, mencionan precisamente que «nuestros precios de vivienda son más asequibles» y que eso precisamente también les está permitiendo ganar población en estos últimos cuatro años. De hecho, menciona que cada vez hay más empadronamientos y que han detectado que mucha gente al jubilarse vende su casa del País Vasco para trasladarse a este punto de la provincia burgalesa.
Gonzalo Peña Ramos, de 26 años, decidió abrir el verano pasado su propia inmobiliaria -Elkano Merindades- en Espinosa de los Monteros. «Me he criado en Bilbao, pero tengo mis raíces en la comarca. Viendo el auge de la zona rural de España decidí montar aquí mi propia oficina», comenta este joven que reside en Cornejo (Merindad de Sotoscueva). Asegura que las viviendas que salen al mercado para entrar a vivir «vuelan», mientras que las que están en ruinas «se atascan algo más». El precio resulta más asequible que en otros puntos del norte del país y eso es un gran atractivo para invertir aquí. La mayoría de las ventas se formalizan a vascos, aunque reconoce que tienen interesados de toda España.
Residencias. En las residencias de mayores la inmensa mayoría de las plazas están ocupadas actualmente por vascos, con los precios y la cercanía como principales razones. Así ocurre en la de Maltrana de Mena, gestionada por Clece Mayores. «No es que la población vasca nos influya, es que están aquí. La residencia en su totalidad está integrada por personas procedentes del País Vasco. Y todas las llamadas para información son de personas de Vizcaya», explica Raquel Enríquez, la directora. Se encuentran a tan solo siete kilómetros de Balmaseda y «los precios de una comunidad a otra no tienen nada que ver; hay mucha gente que no pueden permitirse el vivir en Vizcaya y vienen aquí». Tener una segunda vivienda en la comarca es otra clave al resultar muy cómodo para las familias, al poder visitar a sus familiares con facilidad cuando van el fin de semana o en vacaciones.
Las diferencias pueden llegar hasta los 2.000 euros entre lo que se paga en un sitio y en otro de la frontera. En nuestra comunidad el grado más alto se sitúa alrededor de los 2.000 euros y en el País Vasco puede alcanzar los 4.000 euros, por lo que eso hace mucho más interesante el buscar un hueco en la provincia de Burgos.
En el caso de la residencia de Nuestra Señora del Rosario, de Medina, explican que se ve «evolución» en el sentido de que antes los residentes vascos tenían mayor relación con la zona -segundas residencias o con orígenes- y ahora están observando que en unos cuantos casos ni siquiera tienen relación directa con la zona. «Vienen movidos por los precios de las tarifas, que hay una barbaridad de diferencia; así que a las familias les compensa». Tal y como detallan, sale mejor económicamente acudir un día a ver a sus familiares o incluso quedarse en un alojamiento del entorno a pasar la noche.
Con la cabeza y el corazón en Bilbao
En la residencia Las Merindades, de Villarcayo, alrededor del 80% son vascos y se tiene en cuenta en las actividades o la música
Mari Ángeles Egurrola, Isabel Álvarez y Antonio González tienen sus raíces -y también su corazón y sus grandes recuerdos- en Bilbao, aunque ahora conviven en la residencia Las Merindades, de Villarcayo. Y ellos no son una excepción. Aquí alrededor del 80% de las plazas están ocupadas por vascos y eso ya refleja perfectamente el peso que tiene la comunidad autónoma vecina en este sector.
«La economía se trata de la principal razón para venir aquí, y además suele existir algún vínculo puesto que tienen una segunda residencia en la comarca. La gente que viene es de Vizcaya y no de Guipúzcoa o Álava», asegura Ainhoa Sampedro, directora de este centro gestionado por Clece Mayores. «En la zona hay residencias privadas y, aunque no seamos nosotros ya el caso, aquí llama muchísima gente del País Vasco preguntando por plazas libres para meter a sus seres queridos», argumenta.
En esta residencia de Villarcayo no faltan las referencias al País Vasco y es un buen tema de conversación entre los usuarios. «A mí de Bilbao me gusta todo, yo soy de allí», afirma Mari Ángeles, orgullosa de su tierra y que no tenía relación directa con este municipio burgalés. Aquí tema de conversación sobre recuerdos y lugares no faltan. Isabel, por su parte, es de Gallarta (Vizcaya), vivió en Barakaldo, y su unión con esta zona viene de que «desde el 41 trabajaba en La Quintana cuidando a una niña». «Mi marido y yo conocíamos Villarcayo, veníamos siempre los viernes y nos marchábamos los domingos», manifiesta.
Mientras, Antonio explica que vivió en Bilbao durante 60 años. Ahora aquí está «encantado y muy a gusto» y cuida la huerta como si fuese la de su casa. Él eligió esta localidad porque también tenía una casa en Villarcayo y a sus familiares les pilla muy a mano puesto que cuentan con viviendas por Las Merindades. Aquí suelen poner música o hacer actividades relacionadas con la comunidad vecina. «Es verdad que entre ellos tienen más afinidad y que alguna vez cuando hacemos actuaciones nos piden su música, ellos tienen como el añoro y se las saben de principio a fin», comenta Joana Gutiérrez, terapeuta ocupacional.
Fuente original: www.diariodeburgos.es