Antonio Hierro es un apasionado de la Historia. Desde pequeño se sintió atraído por esta materia, de ahí que haya ejercido durante 36 años como profesor en distintos colegios de Madrid. Una vez jubilado, ha potenciado otras pasiones como la restauración de libros centenarios o la de viejos muebles. Entre visita y visita a su pueblo, Cañizar de Amaya, pedanía de Sotresgudo, se puso a investigar un antiguo diploma en el que la reina Isabel II condecora a una antepasado suyo. Todo eso ocurrió a comienzos de 2024.
«Empecé medio en serio medio en broma», recuerda. Años atrás había encontrado en el cajón de una vieja casa de su tío abuelo una ingente cantidad de documentos relacionados con su familia. Poco a poco fue surgiendo en este maestro el cosquilleo de tratar de averiguar algo más sobre sus predecesores. Sin embargo, jamás se hubiera imaginado que el trabajo y la investigación le iban a llevar al punto en el que está. En un viejo vanizo en el que se guardaban todo tipo de artilugios ha montado un museo en miniatura en el que ha logrado remontarse hasta los decabuelos de su sobrino, su décimo ancestro directo por línea paterna. En otras palabras, ha conseguido averiguar qué antepasados suyos -con documentos oficiales que así lo acreditan- vivían allá por 1658.
Su tesón y esfuerzo le han permitido encontrar hasta 127 apellidos, que serían 128 (ya que de cada familiar se consiguen dos) si al cura que redactó una de las partidas no se le hubiera derramado parte de la tinta de la pluma. Este tachón hace ininteligible uno de los sobrenombres de un antepasado. Este hecho queda bien claro en una tabla de más de 2 metros de alto en la que figuran todos y cada uno de sus apellidos… salvo el misterioso. El grueso son de la familia paterna, mientras que de la materna ‘solo’ tiene 32. La inmensa mayoría procede de Cañizar o de pueblos próximos, sin ramas originarias de municipios lejanos.
«No quería solo datos, que pueden entrar muchas veces en conflicto, sino las partidas que los corroboren», destaca. Durante los últimos 18 meses aprovecha sus viajes desde la capital de España hasta Burgos para pasarse horas y horas en el archivo del Arzobispado, donde ha obtenido buena parte de los avances. Como en toda buena historia, siempre hay un giro de guión. En el caso de la saga de los Hierro, apareció en forma de un pariente que procedía de la vecina Palencia y no de los pueblos próximos a Cañizar. Esto le hizo tener que ampliar su rango de búsqueda y hacerse asiduo también del Arzobispado de esa diócesis, donde tienen muy avanzada la digitalización de documentos.
(El reportaje completo, en la edición impresa de este sábado de Diario de Burgos)
Fuente original: www.diariodeburgos.es