Bea ayuda a María José a colocarse el casco de seguridad. Ha elegido uno pequeño -para niños- y no le encaja bien. Una vez que la briviescana se pone cómoda, toma aire y se adentra en compañía de la restauradora al interior de la conocida como ‘Capilla Sixtina’ de la Colegiata de Santa María, clausurada a las visitas desde hace un tiempo largo. Se aferra a la barandilla del imponente andamio, deja atrás sus miedos y da un paso hacia adelante. Está a punto de contemplar un lugar muy especial a la par que desconocido para muchos desde diferentes puntos -todos ellos ofrecen la posibilidad de observar las pinturas a escasos centímetros- y «casi, casi alcanzar la bóveda con las manos», comenta emocionada.
Los ángeles de la guarda del sagrario -y de los visitantes-, las tres mujeres que no tienen alas, pero sí unas manos prodigiosas con las que han logrado en la intervención en la que todavía trabajan estabilizar el espacio para evitar que se venga abajo, no se separan de la espectadora. Tampoco del resto mientras detallan planta por planta los avances. «¡Qué maravilla! Me daba un poco de respeto acudir a las explicaciones por tener que subir por el andamio tantas escaleras, pero son tan interesantes que se me ha pasado el susto enseguida», comenta emocionada. Al igual que ella, y en compañía también de Alba y Teresa -las otras dos salvadoras del patrimonio en riesgo de desaparecer- Celia, su hijo Julián y su hermana Toñi se suman a las jornadas de puertas abiertas. También de Briviesca, como la «gran mayoría de las personas que han asistido hasta el momento», confirman las restauradoras de Batea, no dan abasto a analizar y disfrutar de tanto arte. «¿Esta pintura verde es la original?», pregunta Celia refiriéndose a la policromía de un relieve. «No», responde Bea, «pero en otras zonas sí que se conserva», añade.
Según ascienden de piso y pasan por cada uno de los ángulos de la estancia, las cuestiones incrementan. La vista no alcanza a admirar tanto detalle hasta que detecta a los grandes escudos. «Viajamos, y a veces lejos, para disfrutar del arte y no valoramos lo que tenemos en casa», manifiesta Toñi frente a uno de los blasones. La encargada de dar la charla asiente con la cabeza y continúa con la visita. Los grandes escudos llaman la atención de todos, incluido el más joven, que antes de volver al insti ha aprovechado a conocer un lugar del que «había oído hablar en casa» pero que «nunca» había visto. Sorprendido por lo que se ha encontrado y sin perder detalle, observa con atención la delicada tarea que realiza Teresa. «Damos una capa de cola animal para sentar la policromía», aclara sin perder demasiado tiempo de vista la pared.
La bóveda. Las restauradoras no han actuado en la cúpula al encontrarse en mejor estado que el resto de elementos. – Foto: Luis López Araico
En siguiente piso se topan con un dibujo semiborrado en el que el autor representó dos ángeles y un espejo. La escena ahora se ve a medias, pero en un futuro volverá a su estado natural gracias a la actuación de las expertas. «Sabemos que es simétrico y por eso lo podemos reproducir. En otra fase está prevista una reconstrucción de la policromía. Para las réplicas utilizaremos un tono más bajo para que se aprecie el dibujo final con los añadidos», detallan.
Intervención. Antes de la despedida, las restauradoras afirman que las obras evolucionan «según los plazos establecidos» y que las paredes no corren peligro tras la «consolidación de los morteros de piedra». La Fundación ACM de Madrid destinó una aportación económica de 100.000 euros a la parroquia para sacar adelante el proyecto de rehabilitación. «Ahora ya se puede tocar todo sin que se caiga porque se han rellenado las oquedades formadas en las paredes», aseguran, y «cerrado las grietas existentes». La estabilización de urgencia de paramentos en estado crítico ha sido posible porque el problema de filtraciones de agua se solventó previamente el pasado año con la instalación de baberos de plomo sobre la cubierta de las pechinas.
Las visitas acaban el 9 de octubre. Las puertas de la Capilla del Sagrario abrirán tan solo dos veces más al público antes de dar por finalizadas las obras de estabilización de los parámetros murales. Los interesados en conocer de primera mano el desarrollo de la intervención tendrán la oportunidad de hacerlo el 25 de septiembre y el 9 de octubre, en horario de mañana y tarde.
Más fotos:
A partir de las 12 y cada media hora (última hasta las 13.30) y a las 16 y 16.30, las restauradoras darán las explicaciones bajo reserva previa, que se debe realizar a través de la página web de Batea.
Fuente original: www.diariodeburgos.es