Los grafiteros aprovechan la noche y la falta de vigilancia para dejar su huella en las fachadas de muchos edificios de Briviesca, y a pesar de que el Ayuntamiento hace desde el pasado año un gran esfuerzo para mantener el entorno limpio, no tiene la capacidad suficiente como para acabar con todas las pintadas de la ciudad. El servicio gratuito de eliminación de estos dibujos sí ha surtido efecto entre la población y en apenas doce meses, desde enero hasta diciembre, 52 comunidades de vecinos solicitaron su eliminación.
Desde entonces, los operarios han llevado a cabo 21 reparaciones aunque los tratamientos específicos que necesitan ciertos materiales, como paredes de ladrillo o puertas metálicas «todavía no se han acometido», declara a este periódico Marta Álvarez, teniente de alcalde y concejala de Hacienda, y «solo se ha procedido en muros que admiten pintura», añade. La elevada cifra de composiciones tanto en espacios públicos como privados llevó al alcalde, José Solas, a pedir al equipo técnico un censo con fotografías de todas ellas plasmadas en paredes y mobiliario urbano con el fin de mantener un control y conocer los puntos más afectados y así poder actuar poco a poco.
De media se han registrado cuatro peticiones al mes y a pesar de que desde el Consistorio se muestran satisfechos con los trabajos ejecutados hasta el momento, la concejala reconoce que algunos de los grafitis eliminados «se han reproducido» en el mismo punto. Además de encargarse de tales funciones el personal de la brigada de obras y servicios, inicialmente destinaron a una persona que cumplía trabajos a la comunidad. Hay varios ejemplos que demuestran que los vándalos no entienden de respeto y han vuelto a dibujar sobre una pared recién limpia. La de un edificio que hace esquina en la avenida Mencía de Velasco apareció ‘decorada’ una vez más con una firma de grandes dimensiones -en tono plateado y verde-, varios corazones y una seta poco después de que eliminaran la anterior ‘obra de arte’ antes de Semana Santa. Los vecinos en general y en concreto los propietarios de estas construcciones no comprenden el comportamiento incívico de los autores, que se enfrentan a multas de hasta 800 euros.
Para hacer uso del servicio gratuito al que tienen acceso todos los ciudadanos, los interesados deben rellenar un cuestionario disponible en el edificio consistorial o descargarlo a través de la página web municipal, autorizar la actuación y elegir la tonalidad deseada con la que cubrirán el grafiti. Si por las características de los materiales de las fachadas no resulta posible retirarlo con los medios habituales, los solicitantes deben aceptar que la «exención de responsabilidad se extienda a los trabajos con pintura o lechada de cemento». La autorización tiene validez sin límite temporal. Independientemente de que estos se sitúen dentro del casco histórico o fuera, el Consistorio interviene a su favor únicamente sobre el grafiti y no en toda la pared. La inversión corre a cargo de la ciudad con fondos municipales -tanto el material empleado como la mano de obra-. «En el último mes no ha habido más solicitudes y solo se ha procedido a repintar por tercera vez unos paños de muro entre la Plaza Santa María y el paseo de La Taconera», confirma Álvarez.
Arte callejero. El equipo de gobierno confió en el artista mirandés Tinte Rosa para embellecer los exteriores del albergue de peregrinos y en los chicos de Quack Estudio (Pablo Amador y Ana) para que animarán alguna zona del municipio. Crear una «especie de ruta de murales» que además decore el casco urbano se ha convertido en uno de los principales objetivos de Solas y el resto de concejales, a pesar de ser conscientes de que el se trata de una zona declara Bien de Interés Cultural y las actuaciones están limitadas.
Fuente original: www.diariodeburgos.es