Amir y Arandilla nacieron con unos días de diferencia y aún no lo saben, pero con su llegada regalaron a sus madres la oportunidad de vivir el momento más salvaje y natural de sus vidas. Así lo recuerdan ellas, María y Miren, con los pequeños en brazos y casi cinco meses después de sus partos, que las llevaron a la portada de Diario de Burgos por haberlos afrontado lejos del HUBU, algo muy inusual.
Ninguna tuvo tiempo de coger la N-234 hasta la capital. María parió en su coche en Salas de los Infantes, Miren en su casa de Pinilla de los Barruecos. Dos momentos que reivindican lo que una mujer puede llegar a ser capaz de hacer, sola, siguiendo únicamente el instinto animal que en algún rincón de nuestro cuerpo perdura y con la compañía de los papás, sin duda el extra de confianza que las dos necesitaban para saber que podían hacerlo. Y lo hicieron.
Ambas son mujeres emprendedoras y las dos han apostado por una vida en el medio rural por convicción propia. Echando la mirada atrás coinciden en que si lo llegan a saber antes, y dado el éxito de la experiencia, hubieran apostado por unos partos «más naturales y menos medicalizados» para recibir a sus hijos mayores. Yves, de cuatro años, en el caso de María; y Aquiles de cuatro y Amelia de dos en el de Miren.
E incluso lanzan una reivindicación, la posibilidad de parir más cerca, en su centro de salud de referencia, con su matrona, Estefanía Camarero, que también comparten y con la que creen que «hubiera sido una pasada» poder haber compartido el momento, por su profesionalidad y por el cariño con el que llevó el seguimiento de sus embarazos. «Sería idílico que se pudiera hacer dado lo lejos que estamos de Burgos, siempre y cuando no sea un parto complicado», comenta María, de Canicosa de la Sierra, donde tiene raíces y vive desde hace casi dos años, cuando decidió trasladarse desde Francia con su rebaño de 90 cabras para seguir dedicándose a la ganadería y a la elaboración de quesos en la Sierra.
Era precisamente lo que se disponía a hacer la mañana del 14 de julio sin pensar que su hijo llegaría poco después. «Tenía contracciones irregulares, pero cuando me monté en el coche comenzaron a coger regularidad», cuenta. El dolor la llevó a ponerse a cuatro patas en el asiento de copiloto mientras Moncef, su pareja, conducía hacia Burgos y ella pensaba en la hora y cuarto de viaje que le quedaba por delante.
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Fuente original: www.diariodeburgos.es