Muy pocos institutos en la provincia pueden presumir de unas vistas tan privilegiada como las que disfrutan los escolares y profesores de Lerma. Emplazado al pie del río Arlanza, rodeado de zonas verdes, con la Colegiata observándoles desde lo alto del cerro y frente al puente medieval, alumnos y docentes son testigos de primerísima mano estos días del fastuoso poder de la naturaleza. El cauce, que habitualmente circula a más de 130 metros del muro que protege al complejo educativo, le ‘comió’ durante la madrugada de ayer viernes terreno hasta dejar la distancia a menos de 5. Como prueba, una bandada de patos estuvo buena parte de la mañana picoteando junto al hormigón, algo muy pocas veces visto.
El Arlanza multiplicó en cuestión de horas la fuerza con la que cruza la provincia de Burgos, aunque no reportó apenas daños personales o materiales más allá de fincas anegadas y algunos caminos cortados. Si el jueves por la tarde bajaban algo menos de 90 metros cúbicos por segundo a la altura de Lerma, cuando los escolares entraron ayer a primera hora superaban los 212 m3/segundo, lo que obligó a la CHD a decretar el aviso naranja. El respiro que dio la lluvia a partir de ese momento, no obstante, no evitó que el centro empezara a organizarse ante un posible desbordamiento a lo largo del fin de semana.
De este modo, tanto profesores como alumnos de bachillerato se pusieron manos a la obra y trabajaron a destajo para poner a salvo los objetos de más valor. Mientras unos recopilaban libros de la biblioteca en estanterías superiores, otros los cargaban en cajas para subirlos al piso superior. En esta planta descansarán también el fin de semana los aparatos electrónicos. En caso de que la borrasca Marta, que empieza hoy a descargar más agua sobre la provincia, provoque un aumento repentino del cauce, los artículos más valiosos estarán ya a salvo.
Entre viaje y viaje por las escaleras, la azotea fue uno de los puntos más solicitados: desde lo alto del instituto la escena era a partes aterradora y a otras completamente absorbente. La estampa no pasó de largo y todo el personal docente que se encontraba a media mañana sin clase no dudó en subir hasta esta terraza para contemplar el incesante paso de agua. Los vecinos de la villa ducal tampoco dejaron pasar la ocasión y, móvil en mano, inmortalizaron el momento.
Aunque el grueso del recinto ferial está protegido por un dique artificial que previene de las crecidas, la zona bajo el puente de la autovía no se libró de la inundación. Unos metros más atrás, varios operarios se afanaban en colocar las últimas vallas y la cinta de balizar para marcar el recorrido del Campeonato Provincial de Cross Escolar. Inicialmente estaba previsto que esta prueba de campo a través se disputara en las traseras del instituto, aunque a la vista de la crecida del río se terminó por descartar.
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