Coinciden en que tiene algo que engancha, una tranquilidad de la que ya no disfrutan en Mallorca y unos precios asequibles lejos de los solo aptos para ricos de la isla. La sierra burgalesa se está convirtiendo en el oasis particular de un grupo de mallorquines que en ella respira. Ahedo, Salas de los Infantes, Huerta de Abajo, Mambrillas o Retuerta son algunas de las localidades donde varias familias de la isla balear han decidido invertir para instalar sus negocios, vivir o asentar su residencia vacacional. Y no pueden estar más felices.
Como en todo, el boca a boca ha servido como reclamo para que a la lista de los que llegaron primero se fueran sumando más. Uno de esos hilos surgió con Mirta y Francisco, que vieron un reportaje de Covarrubias en la televisión y sintieron la necesidad de conocerlo. Les encantó, pero con hijos adolescentes preferían un pueblo en el que estos pudieran ir solos al instituto, ya que en Mallorca vivían en el campo y siempre les tenían que llevar en coche. En su tercera visita a Burgos, atravesando el puente de Costana en Salas de los Infantes, sintieron el flechazo. «Este será nuestro pueblo, aquí nos quedamos», se dijeron. Y fueron a buscar la inmobiliaria de la localidad para que les ayudaran encontrar su casa.
Después de tres 3 años residiendo en la ciudad milenaria, y 26 en Mallorca, acaban de regresar a Argentina, su país natal, aunque conservan la vivienda de Salas. La vida les ha cambiado unos planes que pasaban por residir en la localidad burgalesa. Sin embargo, en la provincia pusieron una semilla, Cristina Palet. Amiga de Mirta acababa de vender una propiedad en la isla y quería invertir. «Me daba igual el pueblo, solo que me gustara la casa, como inversión y para pasar allí temporadas, en un sitio más fresco, más tranquilo y con menos gente. Ellos me hablaron de la posibilidad de alquilarla, de que era un modelo de negocio que funciona, y me enseñaron la zona». Así llegó a Retuerta, donde hace unos meses abrió una casa rural en un inmueble antiguo que le enamoró, igual que la localidad y sus vecinos.
«No me voy a vivir de forma permanente porque no puedo, tengo a mis hijos, sino, lo haría», cuenta Cristina, que viene cada dos o tres meses, siempre que puede. «En Burgos hay muchas oportunidades y la gente no lo sabe», cuenta sin descartar, en un futuro, hacer una segunda inversión inmobiliaria. Confiesa que Retuerta y su entorno son su desconexión, donde se relaja, y que hay paisajes, como el nacimiento del Arlanza o la zona de Pinares que le han conquistado. «Yo veo un río y me enamoro. En Mallorca tenemos mar, pero no ríos», bromea la mujer, que asegura que hace publicidad de la provincia allí por donde va. «Hay una amiga que está mirando, y yo le explico la diferencia de precios y la situación de comprar en un núcleo más grande o en un pueblo pequeño. En Mallorca está todo saturado, allí las casas de campo son aún más caras».
Del mismo pueblo isleño que Cristina proceden Paula Luna y Carlos Lorenzenetti. «Les dije que me iba a comprar una casa en Burgos, ellos estaban sufriendo en Mallorca con el tema de los alquileres y empezaron a dar vueltas a la posibilidad de venir». En junio del 2024 reabrieron las puertas de La Ferrería, en Huerta de Abajo. Sentían que Mallorca ya no era su lugar desde hacía tiempo y en tres viajes se convencieron de que su nuevo hogar podía estar en este rincón de La Demanda. Contactaron con Agalsa que les hizo llegar tres propuestas de negocio de hostelería y con la última llegó la definitiva. Las primeras semanas no fueron fáciles, tuvieron que adaptarse a horarios, costumbres y clientela. A favor tenían muchos años de experiencia en la cocina, Carlos es un reputado chef, y ganas.
(El reportaje completo y más testimonios y fotografías, en la edición impresa de este sábado de Diario de Burgos o aquí)
Fuente original: www.diariodeburgos.es