Más gallinas y más huevos tras el incendio de la granja Sagredo de Briviesca

Tardaron en tomar la decisión -unos más que otros- y se plantearon seriamente si gestionar el negocio familiar que fundaron los abuelos -Pepe y Anita- iba a merecer la pena. Las interminables jornadas laborales, las preocupaciones de sacar el trabajo adelante a diario y las escasas libranzas no merman la ilusión de Eric y Brenda Arce y José María Sagredo. ¡Al contrario! Sienten más ilusión que nunca al demostrar que ellos, al igual que sus progenitores, también tienen la destreza suficiente como para criar a todo mimo a 60.000 gallinas -más las que vendrán- y vender los huevos. El futuro de la granja incendiada el pasado año está garantizado.

Desde pequeños han pasado infinidad de horas en las instalaciones, correteando y jugando, mientras que José, Ana y Mercedes (sus padres, tíos y respectivos dueños), realizaban -y a día de hoy todavía realizan- las tareas que implican llevarlo todo al día. Madrugones, responsabilidad y viajes. Un cóctel que los jóvenes briviescanos saborean desde hace un tiempo aunque con mayor intensidad desde que un fuego declarado el 26 de marzo del pasado año arrasara con el pabellón más moderno y el centro de clasificación de huevos. Las dudas, los miedos y la incertidumbre hicieron temblar los cimientos de la empresa pero después de algunos episodios teñidos de negro la serenidad se apodera de nuevo del lugar.

José María es el más joven de los tres primos y a sus 30 años domina las labores de mantenimiento casi como su padre (José). No es de extrañar que derroche tanta destreza con las herramientas teniendo en cuenta que lo ha «mamado», como él dice. Dejó su anterior empleo -en el que llevaba seis años- y apostó por la explotación ganadera. Eric, el mayor, también se replanteó su futuro y se lanzó al vacío. Recibe formación de sus todavía ‘superiores’ y se encarga de la clasificación, los pedidos y su expedición y la parte comercial. En ocasiones puntuales también del reparto de la producción. Por motivos laborales vivía a caballo entre Burgos y Briviesca y ahora ha fijado su residencia habitual en la capital burebana. 

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Fuente original: www.diariodeburgos.es