Nadie quiere el Torreón de Olmosalbos, en Burgos

Impávido ante el inexorable paso del tiempo, el torreón de Olmosalbos espera con ansia desde hace años un nuevo propietario que lo saque del letargo que vive. La Fundación Caja de Burgos se hizo con este histórico inmueble -catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC)- en 1959 y ubicado al pie de la N-234, en el término municipal de Revillarruz. Desde hace unos años la entidad social trata de deshacerse del inmueble mediante subastas públicas, aunque hasta la fecha no lo ha logrado.

El último proceso de enajenación, celebrado a finales del año pasado, se cerró sin ninguna oferta pese a la reducción del precio de salida. De los 318.000 euros que se pidieron en 2020 se ha pasado a 244.930 euros (ni IVAni impuesto de transmisiones incluido), una rebaja del 23% que no ha logrado encandilar ni a particulares ni entidades públicas o privadas. En el primer concurso sí se presentaron dos propuestas para hacerse con el control del edificio y del resto de lotes incluidos, pero con una cuantía económica inferior a la fijada como mínimo.

Aunque por fuera su aspecto es medianamente pasable, el interior está en un estado muy precario. Todavía quedan restos de la paja en una de las estancias que se empleaba cuando cobijaba al ganado, mientras que algunas paredes están completamente caídas. Consta de cinco plantas sin nada de valor en su interior más que los recuerdos de un pasado muy alejado de la actual realidad. En la fachada principal del torreón lucen los escudos del rico comerciante de lana Diego Gamarra y Leonor de Serón, matrimonio que hacia mediados del siglo XVI ordenó su construcción, obra de los arquitectos Miguel de Osma y Martín de Ochoa.

El vallado exterior que se instaló para evitar la entrada de personas ajenas a la propiedad se encuentra roto en uno de sus extremos, lo que permite el acceso. Es más, alrededor de la torre hay un sendero a través de la hierba claramente marcado, lo que indica que no son pocas las personas que se cuelan al interior del complejo. En el interior de la finca se agolpan multitud de botes de espráis, así como basura y maleza que brota por doquier. Varias ventanas tapiadas se encuentran agujereadas y una de las dos puertas ha sido arrancada. Algunas piedras requieren de una urgente reparación, así como las dovelas de varias ventanas, que se están hundiendo. La lluvia también ha creado numerosos regueros de humedad en los extremos del inmueble.

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Fuente original: www.diariodeburgos.es