Olmillos de Sasamón vuelve a ser un museo abierto en Burgos

La provincia de Burgos presume desde hace años de contar con la escultura más grande del mundo. A Territorio Artlanza, el poblado de Quintanilla del Agua nacido de la imaginación de Félix Yáñez, le ha salido este verano un duro competidor que le supera incluso en tamaño: Olmillos de Sasamón. Aunque será un rival un tanto efímero, las calles de este pueblo se llenan durante todo el verano de obras de arte basadas en lienzos de Monet, Picasso, Dalí, Velázquez, Munch o Van Gogh. Casi nada.

Una edición más, y ya van una docena, los vecinos han respondido a la llamada de la Asociación Santa Columba para decorar la fachada de sus casas y las calles bajo una misma temática. La de 2025 ha llenado cada plaza, rincón y acera de obras de arte que bien podrían estar expuestas en las mejores galerías del mundo. Olmillarte, que es como se ha denominado a esta iniciativa popular, sorprende cada año a propios y extraños. «La gente llama al Ayuntamiento de Sasamón a principios de año para que les digan cuál es la temática del verano», confiesa una sorprendida Ana Rodríguez, alcaldesa pedánea de Olmillos. Bajo el paraguas de un mismo asunto, la interpretación que cada vecinos hace de los cuadros es distinta. Y es precisamente ahí donde radica la genialidad de esta muestra itinerante y viva. «No damos premios, solo hacemos un sorteo entre los participantes», reconoce Teresa Martín, presidenta de la Asociación Santa Columba.

Jovita es una de las vecinas más implicadas en engalanar los rincones más insospechados del pueblo. Desde que se conoce la temática no deja de darle al coco para recabar ideas que posteriormente plasma. Este año ha decorado una vieja puerta de madera sin uso alguno con la figura de una bailarina. Lo curioso de esta representación es que el pelo está formado por decenas de pequeñas cañas de trigo y la falda repleta de espigas. «Estamos muy ligados al campo. Me pareció una idea buena», recuerda. Los pájaros y palomas también opinaban lo mismo y los primeros días trataron de comerse los granos. «Tuvimos que echar laca para ahuyentarlos», indica.

El arte se puede expresar de mil y una formas: Tori, un prodigio de la soldadura y el manejo del hierro, ha optado por recrear dos cuadros, uno de Picasso en la pared de su casa. Por si fuera poco, suma la figura de un pintor -pincel en mano- tomando la inspiración a la sombra. «Todo reciclado con aperos del campo», añade. Tampoco escatima en cuidados Marisol, que trata con mucho mimo su pequeño museo a las puertas de casa. Da gusto ver las calles así de bonitas», asegura. Justo enfrente vive la abuela de Hugo, el único niño que reside de forma continua en Olmillos y, a la postre, el participante más joven. Tanto esta casa como la de sus padres está decorada con obras que ha creado este joven artista en el colegio de Sasamón.

Toñita tiene a la puerta de su casa una interpretación de la obra de un artista -a primera vista- desconocido para el gran público: Hilma af Klint. La pionera del arte abstracto no ha querido pasar la oportunidad y la visión de su cuadro La Paloma (1915), explicación incluida, decoran la fachada de su casa. Frente a esta, en la Plaza de la Iglesia, se sitúa el sinfín de creaciones que las hermanas Ascen y Conchi han pergeñado en las últimas semanas. «Aunque vivo fuera no me lo pierdo por nada del mundo», reconoce la última. Aficionada patchwork, una técnica de costura basada en la unión de trozos de tela, a menudo de diferentes colores y patrones, para crear diseños más grandes y decorativos, ha llenado el frontal de su vivienda de creaciones artísticas.

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Fuente original: www.diariodeburgos.es