Ondear la bandera por los vencedores

En cualquier pasaje de Santo Domingo de Silos ayer se escuchaba el sonido de los cencerros. Era la estela que dejaban tras de sí los más jóvenes del pueblo, que correteaban hacia la Plaza Mayor para presenciar el inicio de la Fiesta de los Jefes. La tradición, que cumplía ayer 25 años, trataba de recordar un capítulo en la historia del municipio en el que la totalidad de sus habitantes colaboraron para poner a salvo su hogar. Según cuentan los silenses, sus antepasados simularon un incendio en la villa para sortear la conquista del territorio por parte de sus enemigos, los moros. Y lo consiguieron, porque, al divisar las llamaradas, los contrincantes pasaron de largo y no les atacaron. 

En esta ocasión, no había riesgo de conquista, pero sí se presenció el vínculo de los vecinos de Santo Domingo de Silos por mantener y disfrutar de la tradicional interpretación. «Representa un momento de unión en el pueblo para evitar un mal mayor», aseguraba Ana Fernández, una vecina que participó en la jornada con su familia. Los festejos se iniciaron con el singular pasacalles acompañado de la cencerrada con una gran comitiva. 

El primer destino fue recoger al tamborilero, Jesús Gallo, en su domicilio. «Es un sentimiento, lo llevo en la sangre», valoraba Gallo. Allí, había preparadas varias bandejas con pastas, galletas y vasos de moscatel para convidar a los visitantes. De igual modo, el pasacalles fue subiendo y bajando las callejuelas de Silos en busca del resto de jefes: el cuchillón, el abanderado y el capitán. En cuanto el cuarteto se hubo unido, la comitiva partió rumbo al monasterio para saludar a los monjes. En el patio interior, los protagonistas ondearon la bandera varias veces por «el nombre de Jesús y María» y el público aplaudió entonando un sentido «¡viva!». 

Del tan mítico emplazamiento, desembocaron de nuevo en la Plaza Mayor y los espectadores se concentraron en el Ayuntamiento para escuchar el pregón. La invitada de honor fue María Dolores de Cospedal, exministra de Defensa del Partido Popular. En su discurso opinó que la fiesta «convoca anualmente a convivir en vecindad y alegría» y la calificó como «una magnífica tradición que ahonda en las raíces históricas de Silos». La política, que vistió una capa castellana durante la jornada, afirmó que «un pueblo unido vale más que cien ejércitos». 

Y en esa unión, cada integrante de la comitiva del pasacalles desempeñó un papel. Los señores mostraban sus capas castellanas típicas de «los políticos que tomaban las decisiones del pueblo», según expresaba un lugareño. Y los jóvenes movían los cencerros para conseguir mayor estruendo. Ellos, engalanados con chalecos y calentadores de lana, representaban al ganado que, en su día, asustado por el fuego, salió corriendo por las calles de Silos. «Participa mucho la gente del pueblo y suelen traer también a sus amigos», confesaba Elena, una de las caracterizadas.

Y continúa. Los cuatro jefes silenses vuelven a relucir sus atuendos militares hoy en la misa de Acción de Gracias a la 13 horas. Y, a continuación, se les hará entrega de sus respectivos despachos. Por la tarde, a las 17 horas, tendrá lugar el Rosario de las Ánimas después de la Procesión de Las Letanías. Y se cantará el último ‘¡viva!’ de los festejos en la Exaltación de los Dulces Nombres de Jesús y de María, acto que cierra el programa.

Fuente original: www.diariodeburgos.es