Un amplio poso de cultura general, mucha lectura y diferentes objetivos, entre ellos, el de atraer la mirada de otros investigadores al Archivo Histórico de Villarcayo han sido algunos de los motivos que han llevado a la villarcayesa Rosario Martínez García a dedicar muchas horas a la lectura de antiguos legajos. En el Fondo del Corregimiento -una joya para descubrir historias de las antiguas siete Merindades- uno llamó su atención y decidió transcribirlo para que llegara al gran público. Se trata de la Pieza de autos formados en virtud de la Real Provisión Secreta de los señores gobernador y alcalde del crimen para prisión y arresto de cuadrilla de malhechores que ejecutaron varios delitos en Villabáscones y Quisicedo. Allí se cuenta una parte de la historia del Manco Muñones, Antonio Taramona, natural de Güeñes (Vizcaya), uno de los bandoleros y contrabandistas más activos en la Corona de Castilla a finales del siglo XVIII.
Sus fechorías llegaron a Merindades y, en concreto, él y once de sus hombres se detuvieron en la Merindad de Sotoscueva en septiembre de 1793, como detalla el documento. Una de sus víctimas, el vicario de Espinosa, Juan Martínez Peña, relató lo acontecido a en una carta incluida en la pieza de autos que envió a la Real Chancillería de Valladolid. Corrían tiempos convulsos, sin apenas fuerzas de seguridad que defendieran a la ciudadanía, al estar destinadas a la guerra de la Convención o del Rosellón en la que se embarco el rey Carlos IV contra la Francia revolucionaria.
El corregidor de las Merindades, Ramón Gundín Figueroa y Sotomayor, contaba a sus superiores que «apenas hay día o semana en que no se oigan insultos y robos ejecutados por cuadrillas de 12, 15, 20 y 30 hombres que, montados en caballos con trabucos, naranjeros, escopetas, pistolas y otras armas prohibidas y ofensivas, a la sombra del contrabando, entran en los pueblos, allanan sus casas, roban lo que encuentran y quieren y ofenden con inhumanidad sin perdonar ni a los ministros del altar». Yasí fue como Taramona y sus hombres, entre los que destacaba Domingo Galíndez, alias Chomin, natural del Valle de Llodio (Álava), llegaron montados a caballo a Quisicedo un 5 de septiembre de 1793 a las 3 de la tarde.
Se detuvieron primero en el Mesón, donde se vistieron de negro y «prorrumpieron insolencias contra Dios Sacramentado». De allí salieron hacia la casa del indiano SimónRuiz Zorrilla, donde agredieron a su padre y le exigieron que entregase el dinero «bajo amenaza de muerte». Lograron «852 reales en oro», pero aún así le dispararon dos veces en el pecho. Tres de ellos, como explicaba el asustado vicario, fueron a Villabáscones de Sotoscueva a su casa, donde destrozaron las puertas y abrieron baúles y navelas hasta dar con 23.000 reales de plata y oro. Él afortunadamente no se encontraba allí en ese momento, porque había salido a San Martín.
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Fuente original: www.diariodeburgos.es