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Reinetas y cuentos de hadas en Cantabrana (Burgos)

A las puertas de Cantabrana un simpático guardián daba la bienvenida a los forasteros. Pinocho les invitaba a degustar el orgullo del pueblo, su reineta, durante la XV Feria de la Manzana del Valle de Caderechas. «La gente ha venido muy temprano, hemos traído aproximadamente 4.000 kilogramos y se están vendiendo muy bien», aseguraba Juan José Gandía, presidente de la Asociación de Productores y Comerciantes de Las Caderechas. La temática de esta ocasión había reunido a los personajes de los cuentos clásicos, que alegraban la travesía con sus historietas. 

Mientras el flautista de Amelí atraía con su música a varios ratones compuestos con troncos de madera, Raúl Fernández, vecino de Terminón, se hacía con unos panfletos de información sobre la variedad típica del lugar para compartir los datos con su familia. «La cereza y la manzana son el símbolo del valle y la gente de la zona se esfuerza en que continúe así, muchos jóvenes se están animando a seguir produciendo en este entorno tan maravilloso», comentaba su madre María del Carmen Alonso. 

En una plazoleta cercana, tres cerditos de cartón hacían lo imposible para mantener a salvo su casa de ladrillo y Nuria Plaza, Adolfo Manso y Cristina Plaza adquirían el manjar protagonista. «Nos ha costado 10 euros una caja de cinco kilogramos. El tipo de manzana está muy rica, muy sabrosa, me gusta especialmente la de esta zona y por eso hemos venido», aseguraba el comprador y su esposa Nuria añadía «como hay otros puestos, también hemos aprovechado a coger una hogaza de pan, magdalenas y un pastel». La feria disponía de veintitrés mesas con productos alimenticios como quesos, embutidos, miel, conservas o aceitunas.

Entre el alboroto, Gregorio Núñez, uno de los ocho productores locales de la cita, atendía a los clientes. «La recogida ha sido un poco extraña por el calor. Antaño los árboles producían un año sí y otro no, pero ahora con los fertilizantes podemos conseguir que sigan dando fruto. Sin embargo, esta vez vinieron con menos flor y no hemos obtenido tanto como el año pasado, que fue espectacular», especificaba el fruticultor. 

Al final de una vía que una Ratita Presumida de madera barría sin cesar, un agricultor servía zumo recién exprimido. La pequeña Julia observaba con atención y curiosidad cómo aplastaba la fruta con la máquina. «No nos esperábamos esto, hay muchos visitantes y se nota que hay mucha implicación de los habitantes para realizar la feria. El zumo está muy rico, muy dulce», valoraba Virginia mientras la niña disfrutaba con el sabor del jugo. 

Fuente original: www.diariodeburgos.es