A las 4 de la madrugada de ayer saltó la alarma del Hotel El capricho de Clemente, en Soncillo, pero en apenas 5 minutos las cuatro personas que participaron en el robo del establecimiento volaron. Todo apunta a que podrían ser las mismas que en la madrugada del miércoles al jueves pasado entraron en la cafetería y el concesionario de vehículos Gálvez en el polígono industrial de Villasante de Montija. Pero en Soncillo viven una semana inquietante, porque en la madrugada del pasado día 1, unos desconocidos también perpetraron otro robo en el estanco, a pocos pasos del hotel.
La Guardia Civil investiga los tres casos ocurridos en apenas nueve días y aunque acudió a los lugares de los hechos de inmediato, no logró llegar a tiempo. En la cafetería del hotel de Soncillo, el robo apenas duró cinco minutos, según explica su arrendatario, Patricio Yserte. Una persona esperaba en un coche, otro ayudaba a llevar lo robado al vehículo y dos entraron dentro. Para acceder al establecimiento lograron romper la persiana de seguridad hecha de acero. La levantaron lo suficiente como para pasar por debajo de ella y ya ante la puerta de cristal del bar lo tuvieron mucho más fácil.
Se llevaron los cajetines portamonedas de las dos máquinas tragaperras y el cajón de la registradora. Por la forma en que actuaron, Yserte cree que tenían mucho conocimiento de cómo son estas máquinas y dónde hay que golpear para lograr su objetivo. Este empresario, que ayer atendía a DB sin apenas haber dormido la noche anterior, ya había logrado reparar la persiana por la mañana y tenía previsto «reforzar toda la seguridad» del hotel que regenta no hace mucho. No obstante, este hostelero ya tiene experiencia en robos, porque el Hotel y Restaurante El Escudo, que gestiona en Cilleruelo de Bezana, sufrió también un intento frustrado el pasado verano.
Aitor Llarena, propietario del negocio de Villasante, relata como sufrió daños en la verja exterior del terreno que rodea su nave. «La cortaron con una radial o con una cizalla», describe, y después forzaron la puerta de entrada a la cafetería. Una vez dentro, los ladrones rompieron la máquina tragaperras, pero también el billar, la diana o la máquina de cambios que este negocio tiene en la zona de juegos habilitada para sus clientes. Buscaban dinero en metálico.
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