En jornadas como las de ayer, con un cielo plomizo, con el mercurio sin sobrepasar los 8 grados y con amagos de lluvia durante toda la mañana, los guisos son la solución perfecta para levantar el ánimo. Lo saben muy bien en Tierra de Lara, donde cuatro hosteleros se han organizado este fin de semana para impulsar sus negocios, imprimir algo de vidilla a tres pequeños pueblos y, por qué no, llenar de felicidad los estómagos de vecinos, oriundos y turistas en plenas vacaciones de Semana Santa.
Por tan solo 3 euros, cada negocio ofrece un guiso elaborado en sus cocinas con los que acompañar la cerveza, el marianito o algunos incluso el café. Pablo fue uno de los primeros que cató la elaboración que salió de las cocinas del restaurante La Moruga, en Hortigüela. «Buenísima», resumió mientras ojeaba Diario de Burgos sentado en una mesa. Y es que es imposible que esté malo una tapa a base de cerdo y setas de cardo o perrechico. El ya de por sí concurrido establecimiento fue uno de los participantes en una iniciativa que se suma a la que ya celebraron hace unas semanas.
A unos metros de este local, en el bar Guerrero, sus propietarios dispusieron el ya habitual cojonudo -esta vez con chorizo, huevos de codorniz y pimiento verde- y una cazuelilla de patatas con costilla y zanahoria. Aunque en barra se sirvieron más de la primera opción, el guiso fue protagonista de las comidas de muchos vecinos. «Se han pedido muchas para llevar a casa en tuppers», reconocía ayer la gerente del local. «Es una buena iniciativa. Estamos contentos porque es un fin de semana un poco raro», admitía.
En Quintanilla de las Viñas, David Muñoz preparó una olla repleta de garbanzos con sepia y espinacas. «Me gusta cocinar, salirme algo de la típica carne que todo el mundo come a diario», indicó ayer el responsable del bar La Ermita. En este pequeño pueblo no hay costumbre de acercarse hasta la barra, como pronto, antes de las 13:30 horas. Ayer se cumplió la regla, pero a partir de ese momento el local se llenó. «Se me han terminado la mitad de las existencias», confesó. Se degustaron más de una veintena de tapas, por lo que hoy solo los más rápidos podrán catarlas. Algunos de los clientes que tuvo, llegados desde otros pueblos, acudieron para probar sus garbanzos.
Por último, en Casa Julita, en Villaespasa, su caldereta de cordero hizo que dos vecinos de Hortigüela se calzaran las botas, se abrigaran y se pusieran a andar hasta el local para degustarla. «También ha venido un grupo de 6 personas», admitió su responsable. A los lectores que se les haya hecho la boca agua y quieran probar alguno de estos manjares, hoy todavía tienen la posibilidad de acercarse hasta Tierra de Lara para juzgar ellos mismos.
Fuente original: www.diariodeburgos.es