Trabajos comunitarios en los valles pasiegos del norte de Burgos

El pasado miércoles comenzaron a echar el hormigón. Cuando ayer acabaron la jornada habían esparcido ya un total de 36 camiones en cuatro jornadas, «nada mal para ser aficionados», como dice el alcalde de Las Machorras, Roberto Ortiz. Hoy continuarán, si el tiempo lo permite. En su mayoría, son vecinos del valle de Rioseco que llevan ya más de un lustro arreglando los 7 kilómetros de la pista que sube a sus cabañas, a razón de 500 a 700 metros lineales cada año. Son manos generosas para hacer frente a una tarea titánica, la de dar accesos dignos a los propietarios de centenares de cabañas de Las Machorras, una pedanía que se tiene que hacer cargo de más de 200 kilómetros de pistas.

El apoyo de los pobladores de los valles pasiegos que no dudan en arrimar el hombro cuando se les llama desde tiempos inmemoriales hace posible avanzar el doble con el mismo dinero, aunque todavía quedan cabañas con camino de tierra. En 1999 Roberto Ortiz cogió el relevo al antiguo alcalde, Hilario Sainz Maza, que ya contaba con la ayuda vecinal. En estos 26 años al pie del cañón nunca falta cuando pide colaboración, aunque llegue de una guardia sin dormir.

Las ventas de cabañas son constantes. El paisanaje ha mutado. Ortiz lamenta que estas obras no se hicieran hace 30 años cuando aún resistían los pobladores originarios de Las Machorras, pero nunca es tarde. Uno de los recién llegados es el holandés Jos Van Dijk, fotógrafo, creativo y diseñador, que ha dejado atrás el estudio de Arquitectura que dirigía en Amsterdam para vivir con menos estrés. «He decidido cambiar mi vida completamente», resume. Un problema de salud le condujo a frenar y en Rioseco encontrado la calma que buscaba. Mientras esparce hormigón sigue  mejorando su castellano y coopera en el arreglo de la pista por la que sube su autocaravana.

Admite que la cabaña que adquirió hace más de un año es «una ruina». Llegó a Rioseco hace unos seis meses y mientras la arregla, algo en lo que calcula que tardará años, su hogar es la autocaravana. Cuando arrecie el frío piensa en viajar al sur de España. Este fin de semana sabe que llega la nieve. «Es un experimento para mí», dice. Está «muy feliz de vivir aquí por la tranquilidad, la natura y los pocos turistas». También aprecia a la «gente gentil».

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Fuente original: www.diariodeburgos.es