Un hongo amenaza la vida de un ejemplar único de pino-roble


El monte de Canicosa de la Sierra cuenta con un ejemplar muy curioso, el pino-roble, dos árboles en uno, se podría pensar al verlo. Pero lo cierto es que se trata de un fenómeno difícil de encontrar por la peculiaridad de la manera en la que se ha formado. «En una oquedad del roble producida por la pudrición provocada por antiguas podas, cayó, germinó y enraizó la semilla de un pino albar, que poco a poco fue desarrollándose dentro de él. El pino, más joven y vigoroso que al añoso roble, va poco a poco acelerando la decrepitud del árbol que le acogió en su seno», explica José Cuesta, de Canicosa e ingeniero técnico forestal, que el pasado mes de noviembre descubrió en el pino la presencia del hongo Phaeolus schweinitzii, que podría terminar pudriéndolo.

Para tratar de evitar que este hongo acabe con la vida del singular ejemplar, el Servicio Territorial de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León ha iniciado un tratamiento para tratar de ‘curarle’. Durante estos días, como explica el ingeniero de esta zona, Carlos García Güemes, se están quitando los cuerpos fructíferos (hongos,) para lo que hay que excavar en la madera, y después, se aplicará una sustancia sellante para cerrar la herida. «Dentro de dos o tres meses se espolvoreará un fungicida por el suelo, ya que ahí está su origen, a base de óxido de cobre y sulfatos», explica García Güemes, que confía en que esta actuación sirva para salvar la vida al peculiar pino.
«Si no se actúa, el hongo se extendería, pudriría la madera y terminará matando al pino. Se trata de un hongo muy común tanto en madera viva como muerta, y habitualmente no se trata, pero ahora estamos ante una excepción, ya que se trata de un árbol emblemático, querido y curioso y creemos que debemos intervenir», señala el ingeniero de montes de la zona.

Aplicar el tratamiento

«El Phaeolus schweinitzii es un hongo que penetra en el árbol por las raíces y provoca la pudrición en el interior del tronco, degradando las células de celulosa», afirma José Cuesta, que descubrió este hongo cuando se acercó un día hasta el roble-pino para hacerle unas fotografías. «Al tratarse de un hongo parásito, si no se actuara es previsible que acabara con la vida del pino; en cualquier caso es difícil prever como va a evolucionar en un futuro próximo después de la aplicación del tratamiento. Será difícil erradicar el hongo porque está extendido y además, la sequía existente contribuye aun más al debilitamiento de la resistencia del pino y a hacer su supervivencia menos fácil», explica el vecino de Canicosa.
Respecto a su aspecto, este hongo se manifiesta en una seta de aspecto ciertamente feo, caracterizada por su tamaño grande, su superficie pilosa o tomentosa de color amarillo a marrón y su himenio con poros grandes. Su sombrero es de notable tamaño y el diámetro de los ejemplares adultos oscila generalmente entre los 10 y los 20 centímetros, si bien se pueden observar individuos de hasta 25 centímetros de diámetro. Su forma es ciertamente variable, puede tener una forma circular típica, pero a veces se presenta reniforme, e incluso cabe la posibilidad de encontrar sombreros imbricados.
En cuanto a su hábitat es una especie anual casi exclusiva de coníferas, con especial predilección por los pinos, siendo muy rara su aparición sobre árboles planifolios. Se le considera como una especie común y frecuente que crece preferentemente en el otoño, y normalmente lo hace de forma individual.
Este doble árbol, un ejemplo insólito de convivencia, se encuentra en la zona conocida como El Piquillo, al lado de la carretera que conduce a la localidad soriana de Navaleno, en una envejecida dehesa de rebollo con ejemplares de cerca de 2 metros de diámetro. El pino tiene una altura de 15 metros y el roble de 12,5 metros.

fuente: DB