Mónica Gayangos es otra persona. La muerte de su padre y sufrir violencia de género la arrastró a una gran depresión que ha conseguido superar y la ha impulsado a ayudar a otras mujeres -también hombres- del entorno rural que atraviesan una situación delicada, a través del apoyo y la compañía. Tras formarse como coach en gestión emocional, duelo y apoyo a víctimas de violencia de género -también ha estudiado un máster en gestión profesional de la neurofelicidad- ofrece sus conocimientos tanto a nivel individual como colectivo a través de terapia, talleres y charlas.
Una conversación con su mejor amiga una noche hizo que su «chip» cambiara y diera el paso a tomar la mejor decisión de su vida: pedir ayuda a un profesional. Durante catorce años no supo gestionar sus emociones, más bien ni lo intentó, y encadenó una serie de situaciones que desencadenaron en la «pérdida de amistades y una relación sentimental muy tóxica». Conoce bien el significado de la palabra sufrir y siente la necesidad de tener la mano como hicieron con ella, pero a poder ser más cerca de casa. En su caso acudió a terapia en Burgos porque en la comarca no encontró a ningún experto en la materia. «¿Y si hubiese algún profesional que atendiera a mujeres de Briviesca y los pueblos de la comarca con problemas similares?», se preguntó. A partir de ahí dio forma a Rendirse no es una opción.
Se trata de un proyecto de educación y acompañamiento emocional orientado a dotar de herramientas prácticas a quienes necesitan un ‘empujón’ para «afrontar la vida con mayor resiliencia, conciencia y autonomía personal en el contexto de la mujer en el entorno rural», expone la impulsora. La propuesta se centra en la gestión de las emociones (ansiedad, miedo, culpa…), el acompañamiento en procesos de duelo, el fortalecimiento de la autoestima y establecimiento de límites saludables y la prevención del aislamiento emocional mediante talleres prácticos adaptados a las diferentes localidades y usuarios y la creación de un círculo de mujeres como espacio estable de apoyo y cohesión comunitaria. «Todo ello con un enfoque preventivo, participativo y orientado a la aplicación en la vida cotidiana», añade.
En el momento en el que Gayangos afrontó sus miedos y comenzó a buscar ayuda, rápidamente comprobó que en el entorno «no había nadie que se dedicara a ello, a pesar de ser una figura muy necesaria en los pueblos», comenta. Con su empresa ya creada y a la espera de que alguna de las puertas a las que ha llamado se abra, compagina las terapias con su trabajo de camarera. Su intención es poder dedicarse exclusivamente y ayudar a terceros a salir de la espiral del maltrato y de la situación de vulnerabilidad total. Asimismo, a demostrar que «sí es posible liberarse de esa mochila repleta de cargas» derivadas de diferentes duelos. «Si yo he podido los demás también», declara con convicción.
Club de autoayuda. Además de ofrecer sus servicios a los ayuntamientos y juntas vecinales de la zona -también a particulares-, pretenden crear un club de apoyo a la mujer rural y convocar reuniones semanalmente en la capital burebana o donde surja. Consciente de que «reconocer que tenemos un problema no es nada fácil», afirma, «compartir como nos sentimos es la clave para estar bien. En el colegio nos enseñan todas las asignaturas menos la de cómo querernos y cuidarnos», sentencia la briviescana, que actualmente se encuentra en uno de los «mejores momentos» de su vida.
Fuente original: www.diariodeburgos.es