Alerta en Burgos por una ola de vandalismo en la Merindad de Río Ubierna

El que se aburre en verano en el pueblo es, simple y llanamente, porque quiere. Son casi infinitas las posibilidades que se le abren a uno cuando llega a uno de los miles de municipios que hay en la provincia. Sin embargo, para unos pocos no hay nada mejor que sembrar el caos sin impunidad alguna. Y si no que se lo digan a los vecinos de la Merindad de Río Ubierna, en el alfoz de la capital, que han visto cómo desde el inicio de las vacaciones de verano los percances se han sucedido.

Los estragos no se han ceñido a una sola localidad, sino que se han repartido por Ubierna, Sotopalacios o Quintanilla Vivar. Fue precisamente en la carretera que une estos dos últimos pueblos, la N-623, donde se cometió el hecho más flagrante desde junio. Tal y como relatan los vecinos, a última hora de la tarde del martes, 8 de julio, un grupo de jóvenes que rondaban los 14 años se colocaron en el arcén con sus patinetes y bicicletas. A la ya de por sí temeraria acción, ya que se trata de una vía con una circulación muy elevada -sobre todo en verano-, añadieron la realización de selfis en plena Nacional. Además, ya entrada la noche colocaron dos conos en mitad de la calzada, lo que disparó el riesgo de accidentes. ¿Su finalidad? Divertirse viendo cómo los conductores los esquivaban a duras penas y grabar las fechorías en sus móviles.

«Llevan todo el verano dando problemas. Son un grupo grande, que va siempre vestido de negro y con capuchas», apuntan los vecinos de la Merindad. Los hechos se pusieron en conocimiento en un grupo de WhatsApp que tienen parte de los vecinos de la comarca, amén de trasladarse a los agentes del puesto de la Guardia Civil de Sotopalacios. En los últimos días los actos vandálicos se han sucedido en otros puntos: en Ubierna reventaron una de las pantallas de cristal de la pista de pádel, aunque se desconoce la autoría de semejante hecho. «Una cosa son trastadas o gamberradas, pero estamos hablando ya de temas mucho más serios», lamentan desde el pueblo. A esa acción se ha sumado el lanzamiento de todo tipo de ramas -e incluso piedras- al interior de los jardines de las viviendas de las urbanizaciones. También han reventado aspersores a patadas.

«Desconocemos si son los mismos jóvenes que pusieron en riesgo a los conductores de la N-623 o son otras personas. Lo que está claro es que no podemos seguir así», admiten. La Guardia Civil ya está tras la pista del primero de los grupos. Además, se ha intensificado la colaboración entre los vecinos de los diferentes pueblos de la Merindad para que avisen en caso de ver cualquier anomalía.

Hecho ‘habitual’. Aunque cabría esperar que este tipo de actos vandálicos se sale de lo corriente, en estos pueblos están tristemente acostumbrados a este tipo de acciones en verano. Sin ir más lejos, el año pasado los columpios fueron pasto de la ira de un grupo de energúmenos. 

Fuente original: www.diariodeburgos.es