Desde tiempos prehistóricos, el hombre explotó el diapiro de Poza para producir sal, pero fueron los romanos quienes lo impulsaron y construyeron puentes, pozos y caminos para su comercialización. Sistemas que han logrado sobrevivir al paso del tiempo -y gracias a la ayuda de medio millón procedente de Europa para rehabilitar el espacio declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Sitio Histórico- y que actualmente permanecen expuestos por el empeño del Ayuntamiento y de la Asociación de Amigos de las Salinas en mantener vivo su pasado. Los turistas que llegan a la villa tienen la oportunidad de contemplar en directo como los auténticos salineros producen la sal siguiendo los mismos pasos de sus antepasados y conocer el proceso mediante visitas -guiadas o por libre- en las salinas.
La campaña de elaboración ha comenzado y se alargará -si el sol y el viento facilitan el trabajo- hasta el mes de septiembre. No obstante, una vez que los rayos se debiliten y la evaporación del agua se convierta en una misión imposible, los viajeros podrán presenciar demostraciones para comprender la importancia del diapiro salino de mayores dimensiones de Europa que organizarán los miembros de la agrupación local.
Cristina y Pablo Puente, primos hermanos y presidenta -la primera- y vicepresidente de Amigos de las Salinas, nacieron después de que las salinas se dejaran de explotar como negocio, pero desde que tienen uso de razón han escuchado historias y anécdotas vividas por sus padres o abuelos. «Todos los pozanos tienen descendencia salinera», comentan, y se calcula que «aquí llegaron a trabajar en torno a 5.000 personas». El proceso tradicional de fabricación apenas ha sufrido variaciones en casi dos mil años y de ello se muestran muy orgullosos.
Tras una inversión de 12.000 euros destinada a la reparación de la construcción de piedra que protege a una de las aproximadamente cuarenta cañas que podría haber en el valle, la intención de la Asociación es mostrarla por primera vez al público y ubicar un pequeño museo explicativo con idea de que los visitantes entiendan los pasos por los que pasa el mineral antes de terminar en un recipiente. La sal se obtiene a través de un sistema de galerías subterráneas que ya utilizaban los romanos por las que se introduce el agua dulce, que disuelve la roca de sal, y se obtiene la salmuera en las llamadas cañas (pozas) mediante un método tradicional. Esta se traslada a los pozos de almacenamiento de las granjas salineras para después acabar en las eras al aire libre donde el sol y el viento favorecen la evaporación del agua, dejando la sal lista para su recolección.
Las desconocidas cañas apenas tienen un metro de sección y hasta treinta metros de profundidad, comunicándose entre sí mediante galerías subterráneas. Por las más elevadas introducían agua dulce procedente de los estanques situados en la parte superior del banco salinero. La finalidad era disolver la sal, convirtiéndola en salmuera, la cual extraían con torno o a mano, en unos odres (pellejos) de piel de cabra y actualmente lo hacen mediante una manguera -aunque mantienen en perfecto estado la herramienta empleada antiguamente- y la depositaba en las granjerías (pozos de almacenamiento), que eran estanques impermeabilizados donde la salmuera permanecía hasta junio.
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Fuente original: www.diariodeburgos.es