La capital ribereña acumula hasta cinco edificios municipales cerrados hace años, algunos más de tres lustros, y que han generado inversiones cercanas al millón de euros para ponerlos a punto para, después, no reabrirse o precisar mayores intervenciones. El mapa municipal de Aranda de Duero ofrece un retrato nítido de inversiones dormidas y patrimonio infrautilizado, que reclama una estrategia integral y participativa para revertir la tendencia. La rehabilitación, diversificación de usos y la apertura a colectivos sociales emergen como claves para transformar la lacra de los edificios cerrados en una oportunidad para la ciudad.
Los ejemplos más sangrantes, y sin opciones de solución sobre la mesa, corresponden al matadero municipal y el antiguo invernadero en el barrio Tenerías. El primero se cerró en 2016, una vez que los ayuntamientos dejaron de tener este tipo de competencias, y en todos estos años no se ha planteado buscarle ningún otro uso, más allá de convertirlo en un almacén sin orden ni concierto, donde se mezclan mobiliario antiguo de los colegios con la antigua maquinaria de la sala de despiece, o un enorme Papá Noel en una sala exterior. El propio alcalde de Aranda, Antonio Linaje, aseguró en una visita que cursó en febrero de 2014 que «está para rodar una película de terror».
El invernadero municipal también se ha convertido en una ruina completa, después de más de diez años sin uso. A las paredes exteriores grafiteadas se suma la maleza colonizando todo el espacio, los tejados de uralita agujereados y los cristales reventados. Una situación parecida sufre el almacén del camino de las Alagunas, con paredes apuntaladas, vigas quemadas y escombros acumulados, ya que la Brigada de Obras sólo lo usa ya para desechar materiales obsoletos.
Problemas estructurales graves en la cubierta obligaron a cerrar en 2022 el centro de arte joven del parque de la Isla. – Foto: I.M.L.
En la recta de salida de esta situación de abandono han entrado el albergue municipal de Las Francesas, el centro de acogida de animales y el centro de arte joven. Para el primero, que acumula 16 años cerrado, se va a actualizar su estudio económico para intentar otra vez, y van tres, que se pueda abrir al público. El centro de acogida de animales, que nunca se ha estrenado, tendrá que someterse a una adaptación a las nuevas normal legales en materia de bienestar animal antes de dotarle de uso, para lo que se están estudiando las necesidades con la vista puesta en poder estrenarlo antes de 2027. Y el centro de arte joven ya cuenta con un proyecto para poder solucionar los problemas de carcoma de su cubierta y, sobre todo, adaptarlo a las normas urbanísticas locales.
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El coste de esta renovación del espacio se estima que puede suponer 1,2 millones de euros y es el proyecto más avanzado por parte de la Concejalía de Juventud, que espera poder sacarlo a licitación para su ejecución en breves fechas y poder abrir sus puertas el próximo año.
Fuente original: www.diariodeburgos.es