Sentarse a contemplar el panorama. Escuchar el canto de los pájaros y la sinfonía natural que genera el movimiento de las hojas con el viento. Desconexión total. Uno de los placeres de la vida para los amantes de la naturaleza. También degustar un buen bocata y acompañarlo de un trago de vino -en bota- o simplemente descansar tras una larga caminata. Eneko Escalante se conoce los mejores rincones -y los más aislados- para llevar a cabo esta práctica en la comarca burebana, su tierra adoptiva, aquella que le conquistó desde que veraneaba en el pueblo de la abuela -Reinoso- y a la que se mudó con apenas trece años. Y ha querido compartirlos, porque de egoísta tiene poco, más bien nada.
Se conoce los montes del territorio casi al dedillo y las salidas diarias acompañado siempre de Coco y Bruja -sus perros- le empujaron a desarrollar un proyecto a favor del deporte y el medio natural. Hay lugares que se vuelven virales por una foto; sin embargo hay otros que se graban en la memoria por lo que te hacen sentir. Esos son los que ha elegido el vasco -nació en Ermua pero actualmente reside en Briviesca- para colocar los bancos fabricados por él mismo con madera de palés y crear en medio del bosque miradores en los que descansar y soñar. En enclaves únicos como el entorno del santuario de Santa Casilda, Salinillas de Bureba, Revillalcón o Villafranca Montes de Oca, y con mensajes que no pasan desapercibidos, La Bureba es el paraíso o apaga la tele y vete al monte (decorados con un pirógrafo que le regaló Miriam, su mujer), animan a relajarse antes de retomar el paseo.
Ya hay repartidos siete y el artista promete que «habrá más», pero con el tiempo porque su espalda le impide faenar -actualmente se encuentra de baja laboral-, y además necesita materia prima. Cuando su salud mejore se pondrá de nuevo manos a la obra. Se le ocurren cantidad de lugares con encanto para detenerse y contemplar el mundo con otros ojos: el cielo, las montañas y esa sensación de vértigo que solo proporciona la belleza. Apenas tarda media hora en el montaje, «sin presión, con total tranquilidad», manifiesta, y para cada uno emplea solo una pieza de madera y seis tornillos.
Pero no siempre estuvieron allí, más bien desde hace relativamente poco, cuando descubrió su nueva afición por trabajar la madera. Instaló los asientos de manera informal en las ubicaciones elegidas después de acumular en sus piernas cientos de kilómetros. Algunos no han tardado en convertirse en puntos populares, y a pesar de que por el momento ningún influencer les ha hecho famosos en las redes sociales -tiempo al tiempo-, pocos son los viajeros que no han aprovechado a comerse sentados en ellos el almuerzo y hacer una ‘paradita’, y ya de paso llevarse una instantánea de recuerdo. Más allá de la foto hay una emoción que solo se entiende cuando uno se acomoda y desconecta de todo para centrarse simplemente en analizar lo que a le rodea. No todas las sendas llevan a algún lugar. Algunas simplemente te devuelven a ti.
Un taller casero. En apenas diez metros cuadrados, Escalante es capaz de diseñar todas sus creaciones. No solo bancos, en su colección también destacan los juguetes de madera de haya que fabrica al pequeño Igor, su hijo, y otros tantos artilugios. El interés por tallar se manifestó en el año 2021, coincidiendo con la compra de la casa en la que vive y por ahora no se plantea participar en ferias ni eventos para vender sus piezas, pero… ¿quién sabe?
Fuente original: www.diariodeburgos.es