Los pueblos se están quedando sin pastores. En muchas localidades ya no queda ningún rebaño que salga todos los días a pastar al campo, mientras que en los que aún resiste algún romántico, sus condiciones de trabajo no invitan mucho a que alguien le pueda llegar a tomar el testigo. Salvo casos contados con los dedos de una mano, la profesión está herida de muerte. Para evitar que este sector siga en caída libre, con el consecuente perjuicio económico y medioambiental que supondría para el medio rural, la Diputación de Burgos estrenará el año que viene una novedosa línea de ayudas.
El presidente, Borja Suárez, explica que la línea de apoyo a bares, comercios y farmacias rurales, que tanto éxito han tenido en los últimos tiempos, se extenderá y contará con una específica para la ganadería. «Tenemos muchos problemas para mantener la cabaña, sobre todo la ovina», reconoce. De este modo, en la convocatoria de ayudas al empleo de 2026 se contemplará un apartado para que los pastores puedan optar a subvenciones con las que atraer a trabajadores a sus explotaciones. «Cada vez hay menos personal», asegura Suárez, que pone énfasis en ese refuerzo de los servicios esenciales. A juicio del presidente de la Diputación, el ovino es un «sector estratégico», por lo que considera necesario ampliar la masa crítica de beneficiarios vinculados al sector privado que vertebra la provincia de Burgos.
«No tenemos un problema de desempleo, sino para encontrar profesionales», admite Suárez, que busca con esta novedosa línea de ayudas a promover que los ciudadanos tengan interés por quedarse en sus pueblos o, por contra, alentar la llegada de personas ajenas al medio rural. «Queremos poner el foco en un problema, y a sabiendas de que esta no va a ser la solución definitiva, creemos que sí puede ayudar a propiciar medidas a futuro», admite.
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