Capturar el bosque de la Demanda como terapia tras sufrir un infarto

En su perfil de Instagram se define como fotógrafa de bosques y paisaje. Una atracción por la naturaleza que Isabel Rodrigo reconoce sentir desde siempre, igual que esa pasión inconsciente de intentar capturar el bosque a través del objetivo de su cámara. Un hilo, un vínculo especial con este mar de árboles de la Sierra de la Demanda que achaca a su relación con Palacios de la Sierra desde niña y que asegura que no es capaz de poder explicar.

No lo hace con palabras porque Isabel se expresa a golpe de clic consiguiendo congelar instantes que remueven, que hacen pensar, que transmiten, que inquietan o que relajan con los bosques como únicos protagonistas. Su inmensidad, una maraña de ramas, árboles desnudos… Así son sus fotos, hablan, y así es Refugio, un fotolibro donde a través de 127 imágenes Isabel narra una historia personal que tiene su punto de partida en el año 2020, cuando sufrió un infarto que la llevó a recomponer las piezas de su vida. Palacios, sus árboles, toda la Sierra y la fotografía han sido desde entonces su refugio, su terapia.

A los 15 o 16 años, «en analógico», recuerda su primera fotografía sobre árboles, «revelando carretes y como una loca viendo los resultados», cuenta de aquella etapa. Compaginó esta afición primero con sus estudios y después con su profesión de enfermera hasta que su corazón habló. «Este proyecto me ha ayudado a transitar ese duelo, esa pérdida de salud y de trabajo», cuenta la mujer, que comenzó a formarse más en este ámbito y que cree en el poder sanador de la naturaleza.

Continuó entonces fotografiando la diversidad de los bosques de Palacios y de su entorno, al principio como documentación, pero encontró en ello un nuevo propósito, convertirlo en un fotolibro, proyecto que ha desarrollado de la mano de Rosa Isabel Vázquez, de la academia La Máquina, y que presentó hace tres meses.

De dentro. «A través de él cuento mi historia, mis emociones, ese transitar. Las imágenes no están puestas al azar, hay una narrativa. Expresan pérdida, ira, dolor físico y emocional, y a través de la incertidumbre se va logrando aceptación y esa esperanza que siempre hay», confiesa la autora, que aspira a que quien lea sus imágenes se sienta identificado con esos paisajes y los sentimientos que expresan.

Nada en Refugio es fruto de la casualidad. Isabel Rodrigo ha respetado el formato de cada fotografía, que «va a sangre para que la experiencia sea más inmersiva y permita al lector recorrer esos bosques, transportarle a esos lugares». También la encuadernación es peculiar, con el lomo visto como una obra artística en sí misma. «El hecho de que se vean las tripas del libro es una metáfora, de que todo sale de dentro de mi, de mis tripas», comenta la autora, que cree «en las artes como terapia y elemento canalizador y catalizador de esas emociones y duelos».

La mayoría de las imágenes que forman parte del libro (119 de Palacios, 2 de Quintanar, 5 de Neila y 1 de Duruelo) fueron tomadas a partir del año 2020, aunque también muestra algunas de las que disparó antes de sufrir el infarto. Y todas comparten algo: se sienten. «Preparo las sesiones desde el punto de vista técnico o climatológico, pero luego me dejo llevar para conectar con el paisaje. Tengo que sentir una emoción con lo que veo para fotografiarlo», añade.

Refugio también tiene algo del marido y del hijo de Isabel, sus fieles acompañantes en las sesiones de fotografía; y de su padre, que le enseñó muchos rincones de Palacios y de la provincia. «Los vecinos también me han guiado por algunos lugares y se han volcado mil por mil con mi trabajo», agradece. 

Isabel Rodrigo presenta mañana, Viernes Santo, su fotolibro en la Casa del Parque de Neila (18.30 horas).

Fuente original: www.diariodeburgos.es