Delibes es eterno en Sedano

El Valle de Sedano podría ser un territorio mítico, a la manera de Macondo, Comala o Región, y que exisitiera porque un genio de la literatura llamado Miguel Delibes lo imaginó para hacerlo realidad y así pasara a formar parte de la memoria colectiva para la eternidad. Pero sucede que el Valle de Sedano existe, que es uno de los más hermosos que puedan concebirse siquiera soñándolo, que está integrado por pueblos bellísimos enclavados en un paraje sobrecogedor, único. No extraña que el universal escritor castellano eligiera este lugar entre otros muchos -«Sedano es mi pueblo y no por la casualidad de haber nacido en él, sino por decisión deliberada de haberlo adoptado entre mil», escribió- como segunda residencia y como lugar de inspiración e incluso como escenario (paisaje y paisanaje) para muchos de sus libros.

Ahora que se está conmemorando el medio siglo de la agrupación de las localidades del Valle de Sedano en torno a un único municipio, y siendo don Miguel uno de sus más ilustres ‘hijos’, la fundación que lleva el nombre del autor de El camino ha querido hacerse presente mediante una sencilla exposición que está itinerando por la comarca -esta semana ha estado en la iglesia de San Sebastián de Pesquera de Ebro- y que consta de fotográfica y textos del escritor que sirven para dar testimonio del profundo vínculo que mantuvo con este valle. Gabriela, una argentina que estos días está visitanto la zona, es una de las personas que, el pasado viernes, no dudó en recorrer la muestra. «Claro que conozco al autor. Me parece un hermoso homenaje», señalaba frente a la fotografía en la que don Miguel esprinta con su querida bicicleta en la carretera de Covanera, como sabiendo que alcanzaría la meta de la posteridad.

El autor de ‘Las ratas’ encontró en este enclave su lugar en el mundo

«No se puede entender la trayectoria vital y literaria de Miguel Delibes sin recordar lo que este bello enclave burgalés supuso para él», explican desde la fundación que hoy preside Germán, hijo del novelista. En el vallejo horadado por el río Moradillo, trufado de árboles frutales, halló Delibes su refugio ideal, su lugar el mundo. Antes de construirse una cabaña al modo de aquellos refugios que vio en cierta ocasión al pie del Aconcagua y mucho antes de comprar la que terminaría siendo casona familiar, una espléndida construcción de piedra de aire indiano, solariego, Delibes se personaba en Sedano desde Molledo, puerto del Escudo abajo, en bicicleta; sólo se detenía a almorzar un par de huevos con chorizo en el estanco de Paradores de Bricia «y al caer la tarde, entre dos luces, aparecía por Sedano, cuando las gentes del pueblo disponían sus arañas y reteles para salir a cangrejos en el río Moradillo».

A Sedano se escapaba Delibes con toda su familia, cada año desde finales de la década de los 50, «nada más terminar el colegio de los niños, quizás en búsqueda del frescor que ya había desaparecido de Valladolid, pero también del contacto directo con la naturaleza y la gente del campo burgalés (incluyendo al señor Cayo, en Cortiguera, que le inspiró una de sus más conocidas novelas). También buscaba el escritor la calma de sus paseos en bicicleta o acompañado de los perros, ya fuera cazando o no, o la emoción de las pescatas de truchas y cangrejos, por entonces muy abundantes en el río Moradillo o en el Rudrón», señalan desde la Fundación Delibes. La exposición recrea, a través de fotografías que ésta atesora, y escoltadas por textos del autor, algunas de estas actividades y muchas más, como los partidos de fútbol en los que el escritor tomaba parte como integrante titular (guardameta por más señas) del Sedano Club de Fútbol, o los duelos de tenis con su familia en la pista que hizo construir en un antiguo prado, frente a su casa.

No faltó un solo verano desde finales de los años 50 hasta su muerte

La exposición expresa a la perfección la pasión y el amor de Delibes por este valle. Algo que, como se sabe, inoculó a su prole: cada verano, sus hijos y nietos regresan a la casona que con tanto gusto decoró la señora de rojo, bellísima sobre el fondo gris de la eternidad. Con su alborozo, con su entusiasmo por la vida al aire libre, sigue latiendo en Sedano la sangre del cazador de perdices rojas, el creador de personajes tan fascinantes como el Nini, Azarías o Daniel el Mochuelo. «Para sentar las cosas desde un principio diré que Sedano es mi pueblo, un pequeño gran pueblo de Burgos, donde la gente llega a vieja comiendo manzanas y miel, los cangrejos y las truchas se multiplican confiadamente en los regatos y los conejos corren libres por el monte sin temor a la mixomatosis. Quiero anticipar con esto que Sedano es un pueblo muy sano y que ni las manzanas ni los hombres tienen coco allí», escribiría.

La muestra ‘Sedano en Miguel Delibes’ ha sido diseñada para poder adaptarse con facilidad a los espacios expositivos de las diferentes localidades del valle. Ahora, como decimos, está en Pesquera, peor ya ha pasado por Terradillos, Escalada y Sedano. Pronto irá a Covanera. Desde la Fundación Miguel Delibes confían en poder exhibirla en más pueblos de la comarca.

Fuente original: www.diariodeburgos.es