La Guardia Civil de Burgos logró ayer resolver con éxito y sin ningún daño personal dos situaciones muy comprometidas que confluyeron en el tiempo y en unas excepcionales circunstancias, por cuanto en los dos casos había armas de fuego por en medio y potenciales víctimas.
En Villoruebo de Lara los agentes dedicaron horas a negociar con el sujeto de 34 años que se había atrincherado en la casa de un vecino de sus padres, quien pudo salir con vida tras pasar varias horas con él sin percatarse de que tenía una pistola con la que había secuestrado a un taxista para que le trajera desde Madrid.
En Quintanar de la Sierra el sospechoso, de 61 años, tuvo como rehenes a su propia madre y a la cuidadora de esta, con dos armas cortas y un martillo, aunque al verse rodeado trató de escapar por la parte trasera de la vivienda y fue interceptado por una patrulla.
Momento en el que la Guardia Civil saca detenido al atrincherado en una casa ajena en Villoruebo. – Foto: Alberto Rodrigo
En ninguno de los casos la Benemérita llegó al extremo de tener que hacer uso de la fuerza ni disparar, aunque fuera al aire, para reducir a los sujetos. Pero tampoco al cierre de esta edición se habían conseguido localizar las pistolas exhibidas en ambos casos, pese a que registró a fondo las viviendas en las que se atrincheraron y los alrededores.
Uno de los perros que cuida Luis en Villoruebo le despertó al sentir a alguien fuera, alrededor de las 2 de la mañana de ayer. Era Daniel, el hijo de sus vecinos. Le dijo que se había olvidado las llaves de casa y que si por favor le dejaba entrar para dormir un rato. Confiado, pensó que venía de fiesta, le abrió la puerta y le dejó echarse en el sofá, al calor, mientras él se volvía a la cama.
Desconocía que fuera había dejado a un taxista en estado de shock, tras hacer el viaje encañonado. Ya en Quintanilla Cabrera, pedanía de Villoruebo conocida como La Cabrera, llamó a su mujer al sentirse tan mal que tuvo que parar y esperar a que viniera una ambulancia a asistirle. También llegaron las primeras patrullas de la Guardia Civil, que con la única información de que el sospechoso de su secuestro se había metido en una casa con las puertas de madera empezaron a revisar. Tocaron algún timbre, pero en la localidad no duermen a diario más de 10 personas, y no sabían si se había metido en un domicilio habitado o se había colado en otro vacío. Con esa incertidumbre y con mucha precaución, porque sabían que estaba armado, velaron armas hasta que a las 7 de la mañana Luis se despertó, vio cuatro coches patrulla por la ventana e intuyó que tenía que ver con el joven que dormía en su sofá. Salió tan rápido y sigilosamente como pudo, que hasta se olvidó la dentadura, pero con la sangre fría de echar la llave por fuera.
Así quedó el sospechoso encerrado dentro de la casa, en la que enseguida se apostaron tiradores de la Guardia Civil, mientras compañeros de la Seguridad Ciudadana, del Seprona con drones y de las Usecic de Burgos y Soria acordonaban el perímetro y se encargaban de que ningún vecino asomase si quiera la cabeza por la zona. Con drones se acercaron a las ventanas para intentar ver lo que ocurría en el interior, sin éxito.Y fuera, un negociador de la Benemérita dedicó horas a tratar de convencerle de que se entregara sin hacer daño a nadie, tampoco a él mismo. Lo intentó con su hija adolescente, que estaba muy preocupada por él, con los perros, con el agua de la fuente en la que tantas veces ha bebido durante los veranos…Nada. Ni una respuesta salvo echar las cortinas y luego bajar la persiana de la ventana del piso superior. Pasaron las horas sin signos de actividad y los responsables del operativo decidieron esperar la llegada del Grupo de reserva y Seguridad (GRS) con base en León, que se encontraba en otra intervención en Asturias, y una ambulancia como medida preventiva.
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Mientras se gestaba el feliz desenlace, los mandos de la Benemérita temían otra desgracia en la sierra de la Demanda. Hasta Quintanar se desplazaron desde Villoruebo varias dotaciones, que salieron quemando rueda como otras desde diversos puntos de la provincia, tras recibir el aviso de que un conocido vecino del municipio, de 61 años, se había atrincherado también en su casa, solo que en esta ocasión con su madre y la cuidadora de ella como rehenes.
La alerta la dieron los sanitarios del centro de salud comarcal, a los que había impedido acceder al domilicio, en la travesía principal del pueblo, muy cerca de la farmacia, visiblemente alterado y al parecer con el rostro ensangrentado. Ellos mismos declararon que portaba un martillo y dos armas cortas, aunque se desconoce si de fuego real o simulado porque no han podido ser localizadas por la Guardia Civil.
(Más información sobre ambos sucesos, en la edición impresa de este sábado de Diario de Burgos)
Fuente original: www.diariodeburgos.es