Un buen amigo le trajo de Holanda a Merindades con su familia en 2018, pero para entonces Rubén Borge había conocido ya medio mundo. Este consultor internacional en agricultura regenerativa, afincado en Medina de Pomar, ha trabajado en 27 países de África, Asia, Latinoamérica y Europa llevando allí su sabiduría para devolver a los suelos la alegría, la salud y la fertilidad. Su pequeña empresa llamada Rockin Soils es un juego de palabras en inglés entre el rock and roll, causante de la alegría, y las rocas de la Tierra que nutren con sus minerales los cultivos y los suelos, soils en inglés.
Así que con una vocación a prueba de bomba, este leonés pasa unos cinco meses del año viajando y el resto trabajando desde casa para darle rock a los suelos del planeta. El lunes partirá hacia Holanda, el segundo país que más productos agrícolas y agroalimentarios exporta del mundo después de Estados Unidos. «Allí se compra a lo grande y se vende en pequeño», explica Borge, conocedor del inmenso potencial del país donde residió entre 2001 y 2018. «La mayoría de lo cafés que tomamos en Europa o las flores pasan por Rotterdam», cuenta. Desde Holanda tras unos días dando un curso a importadores de café saldrá hacia Tanzania y después hacia Etiopía. La semana pasada estuvo en China.
Borge, licenciado en Ingeniería Agrícola por la Universidad de León y Máster en Gestión Internacional de Tierras y Agua por la Universidad de Wageningen (Holanda), pensó muy joven en que quería viajar para «entender otras cosas, otras culturas, otras formas de pensar…». En su primer destino internacional después de Holanda, México, durante su tesis de investigación universitaria, estudió el impacto social, económico y ambiental de la escasez de agua en la cuenca del río Lerma, entre Ciudad de México y Guadalajara. Allí conoció «comunidades de agricultores que no tenían acceso a ayudas o a créditos, que trabajaban sin semillas compradas, solo con las suyas, que no podían comprar abonos y se los hacían, que trabajaban en grupo, con una red de intercambio de ideas y de sabiduría». «Allí reaprendí la agricultura de verdad, la práctica», rememora.
Huertos escolares. Con la experiencia acumulada creó su consultora y comenzó a ganar clientes entre las ONG con las que dirige proyectos sociales y empresas importadoras de productos de países en vías de desarrollo, como el café o el cacao, que buscan suelos más saludables y con menos químicos. El Gobierno de Holanda también cuenta con sus servicios para proyectos fuera de sus fronteras.
Son tantos los trabajos de Borge que es difícil elegir. Algunos le tocan especialmente como el que desarrolló entre 2022 y 2023 con mujeres maltratadas y expulsadas de sus familias en la India. Aprendieron a combatir insectos, hongos y otros problemas de los cultivos con extractos de plantas, como el té o aceites esenciales. En su Centro de Acogida regentan una tienda de fertilizantes orgánicos. El proyecto educativo Body and Soil en Uganda es otro de sus favoritos. Allí forma a los profesores de escuelas de una región «para que los niños lleven los huertos escolares y cuando crezcan sepan como cultivar el suyo, qué plantar para tener una buena alimentación y como mejorar el suelo para que cada vez sea más fértil y de alimento todo el año», algo muy importante en África. Borge sabe como los agricultores dedican la mitad de su tierra a su huerto de subsistencia y la otra mitad al café o el cacao, los cultivos que venden para obtener dinero. Si falla su huerta, con dinero comprarán alimentos en los mercados. Cuanto más café produzcan con la agricultura regenerativa, mejor será su economía y más contentos estarán sus compradores.
En el proyecto que le llevará en días a Tanzania enseña a una cooperativa de productores de café a generar su compost y fertilizantes con los residuos del café, del maíz, el sorgo, el estiércol o harinas de rocas molidas. En Etiopía su trabajo se centra ahora en un proyecto multisectorial con ocho cooperativas donde se cultivan patatas y maíz fundamentalmente. En China los cultivos de café, té, fruta tropical, tabaco o flores, entre otros, quieren mejorar los procesos biológicos en el suelo y reciclar de manera biológica los residuos que genera una agricultura más industrial y cercana a la de España. Yallí está el creador de alegría en los suelos.
Fuente original: www.diariodeburgos.es