«Natural de Palacios de la Sierra, pero afincado en Bilbao, había opositado a la Policía Armada para conseguir un empleo fijo. El 2 de septiembre de 1974 le dieron su primer destino: la comisaría de la calle Leganitos (Madrid)». Así presenta la muestra ‘Rolando 2:15-2:45. 50 años de la primera masacre de ETA’ a Pedro Chicote, el héroe burgalés que, tras toparse con la barbarie cuando se dirigía al trabajo, no dudó ni un segundo en levantarse (la onda expansiva lo había lanzado por los aires) y adentrarse en el local destrozado por la bomba en busca de supervivientes.
Más de medio siglo después la experiencia -cuyos detalles ocultó a sus padres y a su mujer, incluso a sus hijos, que se enteraron, todos, «por otros» de la dimensión de lo ocurrido- permanece muy viva en su memoria: «Aquello fue terrible de verdad, muy terrible. Se oían chillidos, no se veía nada, era un horno, había mucho polvo y un intenso olor a gas, era impresionante», relata con el aplomo que otorga la distancia, para detenerse en el sonido de las voces que pedían auxilio y en el tacto de quienes desde el suelo, en sus idas y venidas con muertos y heridos a cuestas, le agarraban de la ropa para llamar su atención a la desesperada.
«Hice lo que tenía que hacer», afirma con orgullo, sorprendido él mismo incluso de que un pipiolo de 25 años con diez días de servicio respondiera como lo hizo. Fueron apenas veinte minutos, tiempo que le sirvió para rescatar de entre los escombros a 15 personas, según los testimonios de la época. Después, se desmayó.
Ese fue su primer contacto con el terror de ETA, que acompañaría después su carrera profesional en el País Vasco, donde ejerció como Policía Nacional hasta su jubilación en 2014. Por eso -para que no se olvide lo que ocurrió- insiste Chicote en la importancia de iniciativas como la que hoy arropaba con su presencia en la capital burgalesa, la inauguración de una exposición que sirve para recordar ese horror, homenajear como se merece a quienes lo padecieron y reconocer el papel de quienes supieron estar a la altura frente a la masacre y, como él, con su generosa actuación salvaron vidas.
Fuente original: www.elcorreodeburgos.com