El Rancho Bill, un vertedero infame en Burgos

Durante las décadas de los 70 y 80, Rancho Bill fue uno de los epicentros de la fiesta y del alterne del alfoz de Burgos. A pesar de su distancia a la capital, unos 25 minutos que se cubrían en coche y muchas veces en autobús, fue un icono de la noche. Su historia, como la que cuentan los westerns americanos, terminó en un zafarrancho: sus últimas copas se sirvieron bajo el paraguas de un prostíbulo que claudicó tras la intervención de la Guardia Civil. La Benemérita acusó a los inquilinos de simular un robo para desvalijar el local.

Desde hace más una década, el establecimiento vive en una constante caída al vacío, una tendencia que, a pesar del tiempo, no ha dejado de acelerarse sin que absolutamente nadie le ponga freno o remedio. A las paredes plagadas de cutres pintadas -que no grafitis-, los destrozos o el terrible expolio al que se ha sometido se suma, desde hace un tiempo, la imposición de la ley del guarro. La impunidad con la que campan a sus anchas algunos ciudadanos y su falta de tacto por el medio ambiente han convertido al local y sus alrededores en un vertedero indecente.

Sacos hasta arriba de escombros, montones de tejas, piedras, colchones, bañeras desguazadas, bidés, planchas de madera, trozos de PVC, vidrios, canalones, baldosas, somieres, neumáticos, el cuadro de una bicicleta de niño, restos de fogatas, miles de papeles, tierra, grava, tazas de váter, sacas de arena, cristales… la cantidad de restos de toda clase y condición que se agolpan en la parcela dan fe de la falta de civismo de unos pocos burgaleses.

Ni el encontrarse al pie de la transitada carretera nacional a Soria ni estar en un emplazamiento natural en medio del campo echa para atrás la acumulación de todo tipo de vertidos. El modus operandi que siguen es sencillo: llegan en furgonetas, porque en un turismo es imposible cargar tantos residuos- y poco a poco descargan el material donde más les place. Además de lo que parece indicar viene procedente del vaciado de una casa, en uno de los extremos del Rancho Bill se agolpan multitud de elementos que pertenecieron a un parque de bolas.

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Fuente original: www.diariodeburgos.es