El colegio del Valle de Tobalina, un centro pequeño pero luchador por el cuidado del medio ambiente

Solo seis colegios de la provincia y doce de la capital han logrado el sello de Centro Educativo Sostenible que otorga la Junta de Castilla y León desde. De entre todos, el más pequeño, pero también uno de los más luchadores, es el colegio del Valle de Tobalina. Con seis docentes dirigidos por Ana Ortega García, que mueven montañas por sus 31 alumnos, está a punto de ganar en su categoría, de menos de 125 matriculados, el concurso regional Somos Pequerecicladores, promovido por Ecovidrio y la Administración regional. Solo es el último de los logros de una escuela donde se deja a los niños «soñar a lo grande» y el cuidado del medio ambiente impregna cada jornada y la enseñanza de todas las asignaturas.

La directora desde hace quince años trajo al colegio ubicado en Quintana Martín-Galíndez la filosofía de que «haciendo comunidad educativa llegamos mucho más lejos». Es decir, si familias, vecinos, niños y docentes reman juntos se logra más. Con el concurso ‘Somos pequerecicladores’ una vez más se ha puesto en práctica esa premisa implicando a toda la hostelería y a los padres y madres que traen vidrio de pedanías cercanas a Quintana para depositarlo en el contenedor ubicado frente a la panadería. Lleva recogidos casi 2.000 kilogramos de vidrio, 64 por alumno, frente a los 40 por alumno del que va segundo en el ranking, el colegio de Santa María La Real de Nieva, de Segovia, o los 21 por niño, del Fermoselle, en Zamora.

Todos los alumnos del colegio cursan Atención Educativa, la alternativa a Religión. Desde hace años, en esas horas celebran las asambleas. A veces se reúne la treintena de alumnos, en la mayoría de ocasiones, solo los más mayorcitos de Primaria. En ellas se organizaron para conseguir ventaja en el concurso y en ellas decidirán en qué gastar los 1.000 euros del premio, si lo obtienen. Mañana es el último día para depositar vidrio. En la visita de DB ya mostraron algunos deseos:una excursión, una tirolina, un piano (decía la profe…). «Si ganamos tiene mucho valor, porque se logra lo que han imaginado, lo que han creído, lo que han organizado…», resume Ana Ortega.

El pasado curso, Educación reconoció el centro con el sello de Centro Educativo Sostenible gracias a un sólido programa de Educación Ambiental y un Plan de Gestión Ambiental consolidados desde hace años. Este sello es el que abre las puertas a concursos como el del vidrio o el de recogida de aparatos eléctricos y electrónicos en el que se acaban de embarcar hasta el 2 de marzo de la mano de Ecotic y la Junta de Castilla y León.

Son muchísimas las acciones en el día a día del colegio para cuidar del medio ambiente. Tantas que cuenta hasta con «responsables ambientales del consumo de electricidad». Se ocupan de que se apaguen las luces a tiempo. Los peques también ahorran en papel higiénico. Ya no se desperdicia y malgasta como antaño. Hasta el personal de limpieza se implicó en el control de este material. Los envoltorios de los almuerzos dejaron de ser de un solo uso hace mucho. Tampoco llega agua al cole en botellas de plástico. Los niños y sus padres asumieron este pequeño gesto.

Pronto llegará Carnaval y los disfraces huirán del plástico. Materiales reciclados y de origen natural, como hojas, corcho u otros, servirán para confeccionarlos, avanza la directora, quien también hizo realidad el proyecto de renaturalización de patios del que se han beneficiado ocho centros en toda la provincia. Recuerda que los niños le pedían un árbol en un patio de hormigón y  lo lograron. Antes incluso de la convocatoria de la Junta de Castilla y León ya había solicitado fondos al Ceder Merindades con este objetivo. Durante el curso 2023-2024 se hizo realidad.

Una cabaña viva hecha con ramas de arce que hunden sus raíces en la tierra y van creciendo y cambiando a lo largo de las estaciones es una de las estrellas del patio. La directora destaca las «posibilidades educativas» que ofrece. También cuenta con tres bancales de huerta ecológica que sirven para «la observación y la manipulación», un arenero para divertirse, minifrutales o enredaderas que darán sombra en verano. Un paseo de diversas texturas naturales en la parte trasera transformó una zona perdida gracias al taller de empleo municipal de jardinería, que lo sigue cuidando. Donde antes había ortigas ahora hay hierba y la directora asegura que observan «menos conflictos entre los niños y posibilidades de juego más diversas». El verde es el color ganador.

Fuente original: www.diariodeburgos.es