Los datos de población de los últimos veinte años registrados por el Instituto Nacional de Estadística en la Ribera del Duero confirman que los municipios con mayor presencia de viñedo pierden menos población que aquellos donde la viticultura tiene un peso marginal. El análisis de los padrones entre 2005 y 2024 revela que, en las localidades con menor superficie vitícola la pérdida demográfica se desploma, mientras que en otros más vinculados al sector, la población desciende en menor porcentaje.
Entre los 12 municipios con mayor superficie de viñedo, el padrón se ha mantenido más estable en los últimos 20 años.Mientras que en este caso la merma ha rondado el 8% en el de los que se encuentran en la situación contraria, el porcentaje de descenso de vecinos alcanza el 21%. «Al final estamos fijando población, esto es real», reconoce Galo López Cristóbal, gerente de Bodegas López Cristóbal, en Roa, quien apunta que el sector vitivinícola actúa como motor económico en la comarca.
Los bodegueros aclaran que el viñedo no sólo genera trabajo, sino que exige una presencia constante, lo que obliga a vivir cerca del campo y de las bodegas. «El viñedo da mucha labor durante largos periodos del año», subraya Íker Ugarte, gerente de Bodegas S. Arroyo, en Sotillo de la Ribera. «Hay gente que trabaja todo el año en agricultura», explica Galo López. A ese núcleo fijo se suman cuadrillas itinerantes, muchas de ellas extranjeras, que completan los quehaceres en los momentos de mayor necesidad de personal, como la vendimia.
López Cristóbal explica que pese a que, en su caso cuenta con una plantilla bastante estable en el tiempo, se ha encontrado con dificultades para cubrir sustituciones, algo que se ha convertido en un mal común para prácticamente todas las elaboradoras. A esto se le suma que la vendimia se ha convertido en «una película de terror» por la dificultad de encontrar personal suficiente.
El viñedo amplia las oportunidades para que los jóvenes regresen a su pueblo
Ugarte coincide en el diagnóstico: «Hoy por hoy, en cualquier sector cuesta encontrar trabajadores… pero cuanto más pequeña es la localidad, más difícil es encontrar empleados fijos». Los puestos más demandados como tractorista o personal de bodega, tienen una oferta escasa y, además, requieren formación específica.
La paradoja se repite en muchos pueblos: hay trabajo, pero no hay quien se quede a vivir. La falta de vivienda disponible, la necesidad de coche para llegar a las bodegas, la carencia de servicios básicos o la ausencia de políticas eficaces para fijar población agravan la situación. «Es un hándicap enorme que la gente tenga que tener coche y carné», apunta López Cristóbal, puesto que la ubicación de la mayoría de bodegas fuera del casco urbano y en localidades pequeñas con poca oferta de vivienda.
A pesar de ello, ambos bodegueros observan indicios positivos. «Ves niños en los pueblos, esto es una realidad», celebra Galo, quien destaca que familias jóvenes han empezado a asentarse de nuevo en algunas localidades del entorno de Aranda. Incluso se abren servicios como guarderías, como ocurrió el pasado curso en Pedrosa de Duero, otra de las localidades con alto porcentaje de viñedos y elaboradoras.
El sector vitivinícola no sólo fija población a través del empleo directo. La cadena de valor proveedores, enoturismo, hostelería y comercio multiplica su impacto. «Hay una economía detrás permeada a mucha gente… no sólo las bodegas, también los viticultores, y la mayoría del dinero se queda aquí», explica Ugarte. Según el estudio socioeconómico realizado por la Denominación de Origen Ribera del Duero, el 70 % de la riqueza generada por el sector permanece en Castilla y León, un factor decisivo para sostener el territorio.
Mientras que en los municipios con mayor presencia de viñas los habitantes se mantiene, en los pueblos con menor superficie vitícola se registran desplomes superiores al 40 %. «Debido a las bodegas, se atraen más habitantes, porque necesitamos bastante personal», afirma Galo López Cristóbal.
Otros factores. La población se sostiene en las zonas rurales con mayor presencia de viñedos, pero otras cuestiones afectan de manera positiva al mantenimiento y al crecimiento de los vecinos. El caso de Fresnillo de las Dueñas, una localidad con un porcentaje muy pequeño de viñedo, resalta en la zona baja de la tabla, puesto que en los últimos 20 años ha experimentado un crecimiento del 82% de habitantes, según los datos del INE. Ha pasado de 381 personas a 693. Esta situación se debe tanto a la cercanía con Aranda de Duero como al incremento de vivienda en el municipio y las políticas de atracción de puestas en marcha desde el Consistorio.
Fuente original: www.diariodeburgos.es