Sus trufas, como cualquiera de los productos de repostería que elaboran, saben a gloria bendita, pero es imposible que sean tan dulces como la sonrisa que ayer exhibían las hermanas Pía y Jimena a la puerta de la tienda que su congregación, Iesu Communio, abre todos los fines de semana junto al Monasterio de Santo Domingo de Silos. Sonrisas dulces, irresistibles y luminosas; tanto, que podría decirse, como hiciera Gerardo Diego del ciprés abacial, que son «chorros que a las estrellas casi alcanza». Tal es el devanado empeño de acogida que las hermanas que lidera la carismática Sor Verónica ofrecen a los visitantes de la villa, porque no se trata únicamente de vender sus golosuras y piezas de artesanía -que de todo hacen, y muy bien, las monjas del hábito vaquero-, sino también de hacer apostolado.
Así, las hermanas acogen como un abrazo cálido cada pregunta, cada conversación, cada interacción con los visitantes; sacian la sed (tsajenà) de curiosidad de quienes, no conociendo su orden, se aprestan a hacerlo, y con paciencia y cariño responden a los interrogantes que despierta siempre tanto su llamativo hábito como la casi irreverente juventud de quienes integran estas huestes del Señor con sede central en La Aguilera. «Aprovechamos a dar nuestro testimonio», dice Pía saludando amablemente a un grupo de turistas recién llegados a la tienda. Admiten que el interés que despierta su vocación es paralela a la que muestran con su repostería, cuya fama ha traspasado fronteras. «Nos preguntan a menudo si lo hacemos todo nosotras. Les explicamos lo que hacemos, pero a menudo en nuestras conversaciones se abren a nosotras y se desahogan contándonos sus dolores.Nos abren su corazón», apunta Jimena.
Pequeña Repostería, que es como se llama la tienda que tienen junto al lavadero, es también un confesionario. «La madre Verónica también ve esto como una misión. Es cierto que necesitamos vender nuestros productos para vivir, pero va más allá. A veces damos lo que la gente está buscando. Somos enviadas de Dios, y lo hacemos felices. Nos pasa a menudo que nos encontramos con gente que nunca iría a una iglesia o un convento pero al venir a la tienda y encuentra consuelo con nosotras. Por eso esto es una misión», tercian las hermanas sonriendo y saludando a quienes llegan a la puerta del establecimiento y la franquean con la firme intención de comprar sus famosas trufas, los mostachones, las tartas de hojaldre, yema tostada o crema de whisky, las pastas, tartaletas y bombones. O, desde tiempos más recientes, sus piezas de artesanía: pulseras de macramé, llaveros, colgantes, cuadernos, fundas de cuero y un sinfín de objetos made in Iesu Communio, claro. «La repostería es la estrella, pero cada vez se vende más artesanía», señalan las hermanas.
(El reportaje completo, en la edición impresa de Diario de Burgos de este lunes o aquí)
Fuente original: www.diariodeburgos.es