Un sonido inconfundible encandila a la Sierra en esta época de otoño. Basta con quedarse en silencio para escucharlo desde cualquier calle del pueblo, aunque subir al monte y disfrutar de semejante espectáculo de la naturaleza se alza como un privilegio. Por Neila ya retumban con fuerza los bramidos de los ciervos para demostrar su poderío y jerarquía frente al resto de ejemplares. Todo por llamar la atención de las hembras y así ganarse el derecho a aparearse y reproducirse.
Ni el presidente de la Diputación quiere perderse esta cita. Borja Suárez cambia el coche oficial por el todoterreno y se adentra en el monte de Neila en pleno atardecer. Sin bajarse y asomado desde la ventanilla presume de una vista espectacular al detectar al primer ciervo a lo lejos, así que rápidamente sale del vehículo y con los prismáticos comprueba que estaba en lo cierto. «¡Ahí está!», exclama. Había acudido hace un par de años para conocer lo que era la berrea, pero ya se maneja como un paisano más que va por allí a diario. Y si el pasado verano exploró en primera persona los secretos de Ojo Guareña, demuestra una vez más que no le importa salir del despacho o de la sala de prensa y que se atreve con todo para disfrutar del patrimonio de la provincia burgalesa.
El mejor momento para escuchar este ‘concierto’ llega con el amanecer o el atardecer
Javier Chapero, Ramiro Ibáñez, Marino Olave, Borja Suárez y Rubens Mamolar, de i. a d., contemplan de cerca este espectáculo. – Foto: Alberto Rodrigo
A unos 1.700 metros de altitud y con el reloj marcando las 19.45 horas llega el momento de patear un poco la zona, con chaqueta incluida que ya refresca. Máxima atención para saber el punto exacto del que proceden los sonidos para posteriormente captarlos a través de los prismáticos. Hay varios, al menos tres por el mismo entorno, pero están bastante separados y por ahora parece que no han pasado al enfrentamiento directo. Mientras las vacas pastan tranquilamente, ellos siguen con su juego de poder y supervivencia unos metros más arriba. Con los prismáticos se ve perfectamente a estos animales que pesan alrededor de 200 kilos y tienen sobre cinco años, pero este año parece que se encuentran más alejados y con una presencia menor debido a la falta de lluvias.
Bramar es marcar territorio. «El macho que más puede es el que se hace con las hembras y el resto están alrededor; si hay alguno que se atreve a pelear con el dominante y sale victorioso pues es el que se las lleva», explican Marino Olave y Javier Chapero, alcaldes de Neila y de Vilviestre del Pinar, respectivamente, quienes conocen a la perfección los caminos y prácticamente todos los secretos que esconde la berrea. Según detallan, ellas acuden en manada y se pasan toda esta temporada con el ciervo ganador. «Si se mata ese trofeo da paso al siguiente», mencionan. Luego, una vez que pasa esta etapa del año, los machos se van por un lado -cada uno de forma independientemente- y ellas -en cuadrilla- por otro.
Desde el 20 de septiembre hasta mediados de octubre se suele extender la época de apareamiento, aunque depende bastante del clima. «Las primeras lluvias del otoño marcan la pauta, que es cuando los ciervos se ven más fortalecidos», afirma el alcalde de Neila. Sin embargo, este año «les está costando más» que de costumbre debido a que todavía no ha llegado el agua y su presencia varía en función de la comida. Se alimentan a base de hojas, arbustos, pastos y frutas, pero tras un verano sin precipitaciones cuesta encontrar vegetación en este momento. «Otros años estas praderas están verdes y tienes a los ciervos por aquí», afirma. Ahora se debe levantar la mirada para buscarles en los puntos más altos y entre los pinos, donde «se ven protegidos y seguros». A pesar de todo, este sorprendente ‘concierto’ se escucha a kilómetros.
«Hay menos ciervos que otros años por la sequía, ya que se van a buscar la comida a otros lugares»
marino olavealcalde de neila
También se ha notado un descenso de la población del ciervo debido a que el año pasado le afectó la Enfermedad Hemorrágica Epizoótica (EHE), la misma que tantas vacas acabó matando. Mientras, reconocen que con la sarna se produjo una caída importante. «Hace una década había una superpoblación y al final cuando eso ocurre se regula solo… Venías por aquí e igual encontrabas 30 juntos», exponen.
Un monte con vida. La pasión por ver este espectáculo en vivo se ha disparado en los últimos tiempos y los visitantes se multiplican en Neila durante los fines de semana. De hecho, se están llevando a cabo visitas guiadas, algo que los propios vecinos prefieren puesto que «es mejor tenerlo controlado» para evitar que la gente se meta en mitad del monte -existen también varias barreras que impiden el paso- y que acabe afectando al propio bienestar del animal.
Según explica Rubens Mamolar, agente forestal de la Junta y vecino de Pinilla de los Barruecos, existe «una buena gestión del monte y de todos los aprovechamientos que se pueden hacer». En este sentido, Ramiro Ibáñez, vicepresidente primero de la Diputación, y José Manuel González, vecino de Vilviestre, detallan que cuentan con aprovechamientos de caza, de madera, de leña, de piedra… «El monte es algo vivo y está garantizado mediante una ordenación. Aquí se sabe los pinos que hay, se marcan por cuarteles y rodales, y conocen cuánto tarda en hacerse… Está todo datado, se mide lo que crece y tienen como su DNI», explican. La guarda, custodia, administración y gestión corresponde a la Junta, mientras los propietarios «hacen el control económico, vender los pinos».
«Hace una década había una superpoblación que se autorreguló»
javier chaperoalcalde de vilviestre
Y ahora que los incendios han afectado tanto a Castilla y León, el presidente de la Diputación de Burgos destaca sobre el terreno la importancia de seguir cuidando estos espacios naturales. «Tienes que venir aquí para verlo, parece que el monte está abandonado entero y nada más lejos de la realidad», manifiesta, mientras destaca la importancia de la ganadería extensiva a la hora de limpiar la vegetación y de aquellas personas que residen en el medio rural todo el año para conservar un patrimonio único.
A partir de este momento lo que queda por explotar es el tema turístico. «El bosque tiene que generar la oportunidad de que el hombre viva», comenta Ibáñez, que considera que hasta ahora apenas se ha aprovechado el turismo y que existen numerosas oportunidades. Un ejemplo de ello se demuestra con las visitas guiadas a la berrea, pero en este mar de oxígeno tienen cabida múltiples propuestas.
Fuente original: www.diariodeburgos.es