En 2016, la arqueóloga Ana Isabel Ortega ya muestreó el perfil de los diferentes estratos del terreno que el antiguo paso de las aguas del arroyo de Villamartín había dejado en la rampa de entrada a Cueva Palomera. Tras una primera y corta investigación el pasado año, en las últimas dos semanas ha codirigido una segunda campaña en la que han aflorado los primeros restos humanos de este yacimiento en forma de fémur, varias falanges y vértebras, posiblemente de la Edad del Bronce. Pueden deberse a un uso funerario, pero falta conexión entre los huesos hallados, quizás porque las constantes riadas de agua pudieron disgregarlos y llevárselos a su paso, a juicio de la investigadora, que cuenta con dos codirectores a su lado dispuestos a coger su relevo, Borja González Rabanal, vinculado a las universidades de Oviedo y una de Roma, y Marco Vidal Cordasco, de la Universidad de Cambridge.
El trabajo realizado en esta campaña ha permitido reunir más de 700 restos de fauna silvestre, animales domésticos (cerdos, ovejas, cabras, vacas…), cerámicas e industria lítica o herramientas, además de los restos humanos. Las primeras hipótesis manejan la existencia de «tres momentos de uso como redil de animales domésticos, uno en el Neolítico, otro en el Calcolítico y el último, en la Edad del Bronce».
Los restos de muchos animales muestran las señales de la carnicería, es decir, de las herramientas humanas que cortaron sus huesos y que indican que allí los hombres comieron esa carne, lo que habla de un uso posible como hábitat en el que habrán de profundizar. Pero también queda claro por los fumier o acumulaciones de estiércol quemado que se realizaron desinfecciones del espacio que ocupaba el ganado con la técnica del fuego.
El yacimiento se halla en la rampa de bajada a Cueva Palomera. – Foto: A.C.
Este trabajo arqueológico también ayudará a «saber cómo era el ambiente y el clima en cada momento, así como el tipo de alimentación que mantenían los humanos», como explica Borja González. Para ello se analizarán isótopos estables. Un equipo multidisciplinar e internacional de expertos cuyos lugares de trabajo van desde Cambridge (Reino Unido) a Zúrich (Suiza) estudiará los huesos, polen, sedimentos, carbones o cerámicas. Especialistas del Grupo I+D+i EvoAdapta de la Universidad de Cantabria, así como de otras universidades y centros de investigación colaborarán en estos estudios.
Se han excavado 4 metros cuadrados unos 90 centímetros. Pero aún queda poco más de un metro para llegar a la base del lecho del sumidero por donde antes corrió el agua que ahora desciende por la Sima de Dolencias en momentos de fuertes lluvias. Hasta ese punto bajarán e incluso más, como explican los responsables del yacimiento, que también podrían ampliarlo en su extensión horizontal.
En la entrada de Cueva Palomera, Soledad Corchón bajó a los 6 metros de profundidad en los 70, pero no halló restos del Paleolítico, como era su objetivo. El nuevo equipo, que en septiembre volverá también a excavar en el Portalón de Cueva Kaite, podría abrir cerca de la entrada de Palomera otra excavación. Ortega relata cómo en esta cueva «hubo muchos usos, pero nos faltan zonas de hábitats tanto dentro como fuera» y localizarlas es uno de los hitos que persiguen. Los últimos neandertales dejaron su huella en las cuevas Prado Vargas y Kaite y «también pudo haberlos en Palomera», apunta. Pero esta prehistoria está por descubrir.
Una cuenta de un collar misterioso. A primera vista parece un pequeño caracol, pero en realidad es la cuenta de un collar hallado por los miembros del equipo que tamizan la tierra en busca de los restos más insignificantes. El paleontólogo Adrián Álvarez pasa la tierra por una criba con orificios de 2 milímetros y otra de 0,5. Con su entrenado ojo observa dientes de microfauna y dientecillos de ratones, musarañas, topillos. En el laboratorio se identificarán las especies y «reconstruiremos las condiciones ambientales del paisaje, del clima y del entorno», explica.
Fuente original: www.diariodeburgos.es