El Servicio de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León en Burgos considera «altamente improbable» que una osa y su cría hayan entrado en Merindades, como el apicultor Ángel Nava afirmó en la presentación de la XVIFeria de la Miel, celebrada en Espinosa de los Monteros los pasados días 9 y 10. «No hay ninguna evidencia» de ello, añaden los responsables de la Administración regional, que se está ocupando de tomar muestras genéticas para seguir la pista de los plantígrados y que aseguran como hasta ahora «solo se ha constatado la presencia de machos».
Los primeros ataques a colmenares de Valdeporres y Sotoscueva en la primavera del pasado año evidenciaron que un macho joven de entre 3 y 5 años había ido más allá de las tímidas incursiones localizadas ya en 2016 en el Monte Hijedo (Alfoz de Santa Gadea), frontera con Cantabria. En septiembre pasado, huellas y otras pruebas dieron fe de la presencia de un oso en el Valle de Sedano y Montorio, pero desde la Junta de Castilla y León no pudieron confirmar si se trataba o no del mismo ejemplar que recorrió Merindades por la falta de calidad suficiente de los restos genéticos tomados en ambos parajes.
Esta primavera de nuevo, el oso se ha asomado por el Alfoz de Bricia, Valdebezana y Valdeporres, para continuar dejando su huella en colmenares de Sotoscueva ya avanzado el verano. De momento, desde Medio Ambiente señalan que carecen de resultados de los análisis de muestras genéticas que puedan aclarar si se trata de uno o más ejemplares distintos o incluso de si el oso que ha llegado este año es el mismo del pasado 2024.
Rastro. El presidente de la Fundación Oso Pardo, Guillermo Palomero, dice que no le sorprendería que fueran «dos o tres distintos» los machos que han iniciado movimientos expansivos hacia Merindades. El experto explica como el olor que dejan las glándulas sus pies en cada pisada o el que se impregnan con sus mordeduras en los árboles «atrae a otros ejemplares», que seguirán el rastro de los que les precedieron.
Desde la Fundación Oso Pardo, que no está recogiendo restos genéticos en la comarca, pero mantiene hilo directo con Medio Ambiente para estar al tanto del avance de la especie, su máximo responsable también afirma que «no hay ninguna evidencia de la osa y su cría» en Burgos. No obstante, admite que «es previsible que el norte de Burgos acabe siendo zona osera». Antes, será necesario que alguna de las oseznas que campean con sus madres en Campoo y Brañosera, en la Montaña Palentina, al otro lado de la autovía A-67, decida ir ocupando nuevos territorios. «Si la zona se satura, las hembras se van dispersando como una mancha de aceite, mientras que los machos van y vienen», explica.
Cuando alguna de ellas llegue a Merindades, si está receptiva, «va a haber más machos en la época reproductiva», aclara Palomero. Si se culmina la reproducción, podría hablarse ya con propiedad de que Merindades se ha convertido en zona osera. «En algún momento habrá presencia permanente de osos en Burgos», vaticina el experto naturalista, quien no se aventura con fechas y afirma que «es imprevisible saber cuando se asentarán».
Fuente original: www.diariodeburgos.es