Entre las ráfagas de humo que presagiaban la ventolera de la borrasca Herminia, los 74 voluntarios de la asociación El Remojonero trabajaban sin descanso para tener a punto los tocinos, las costillas, el chorizo a la sidra, la morcilla con arroz o harina, las caretas y la sartenada. La Plaza Mayor de Salas de los Infantes se preparaba desde primera hora de este domingo para cocinar 500 kilos de proteína pura procedente del cochino, un antiguo amigo que durante siglos ha llenado las despensas de las familias serranas. «Esto lo hacía mi abuela, mi madre… y ahora yo», comentaba Puri sin dejar de echar un ojo al tocino blanco, que ya chisporroteaba. «Me acuerdo que íbamos al colegio y a partir de de la Inmaculada Concepción cada día faltaba uno. El periodo de remojones estabas esperando que en tu casa matasen el cerdo y ese día o esos dos días el maestro no te decía nada», recordaba con picardía Toño Azúa, colaborador del evento desde sus inicios, que además celebraba su cumpleaños.
Las Jornadas de la Matanza de Salas de los Infantes cumplen hoy su 25 aniversario, desde que seis personas, entre ellas el presidente de la asociación, Josito Gómez, se reunieron tomando un café y decidieron recuperar la tradición. Con humor y buena armonía, la familia remojonera había ido creciendo, así como los comensales, procedentes de varios puntos de la provincia y que esta mañana superaban el millar de personas. Algunos ya habían calentado los estómagos en la degustación de pastas de manteca y orujo o habían disfrutado de una visita guiada al Museo de los Dinosaurios, pero los menos madrugadores se concentraron al aproximarse el mediodía. Los laterales de la plaza comenzaron a llenarse para observar la demostración de limpieza del cerdo, que una locutora iba describiendo con precisión.
Posteriormente, los grupos de danzas Doña Sancha y Santa Lucía de Hacinas interpretaron jotas de diferente procedencia (‘Corre que te corre’ de Castrillo de la Vega, la jota de Lerma o la jota serrana). Apurando el ansia por comer de los espectadores, se entregó el premio Remojonero 2025, cuyo destinatario había permanecido en secreto. «Nosotros hemos dado este premio a personas colaboradoras, a veces a empresas, a entidades y a personas que llevan acompañándonos muchos años», explicaba Josito Gómez. El afortunado fue el Ayuntamiento de Salas, por lo que los concejales de la corporación acudieron a recibir el trofeo junto con la alcaldesa Ada Marcos, que celebró el galardón con ilusión. «Para acercarnos todos a nuestras tradiciones, a nuestras raíces, a saber y no perder quiénes somos y de dónde venimos… le debemos mucho al cochino, le debemos mucho a la matanza, le debemos mucho a la comunidad que se crea en torno a nuestras tradiciones», aseguró la regidora.
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Fuente original: www.diariodeburgos.es