Su cámara nunca falta en fiestas o eventos de la comarca del Arlanza. Son los ojos incansables del territorio y, aunque lleva ya tiempo jubilado de forma oficial, a sus 76 años conserva las ganas de seguir haciendo fotos por los pueblos y sumando kilómetros. Miguel Ángel de la Cruz, que al resto de la provincia le sonará puesto que también colabora con Diario de Burgos, celebrará en mayo el decimotercer aniversario de su revista, Vive Arlanza. Y mañana, sábado, recibirá el Garbanzo de Plata en Villafruela como reconocimiento a su gran trabajo.
Nació en Lerma y allí vivió hasta los 10 años, cuando se marchó a Salamanca para posteriormente emigrar con sus padres a Francia. Tras pasar por Inglaterra un par de años y formarse en ciudades españolas como Madrid, a los 33 años regresó a la capital del Arlanza para quedarse definitivamente. «He vivido en muchos sitios y cuando le comenté a mi madre que me iba a Lerma me dijo que no iba a aguantar ni un año. Le contesté ‘mamá, a mí me entierran en Lerma’. Iba convencidísimo al pueblo», asegura.
Siempre le ha apasionado el mundo de las artes gráficas, aunque de chaval tuvo numerosos empleos. «He estado mucho en hoteles, ya que hablaba francés y entonces se valoraba mucho», dice. En Madrid realizaba fotografía industrial -de publicidad para empresas- puesto que era muy complicado entrar al mundo de las bodas, «copadas con dinero de las exclusivas de restaurantes e iglesias». Luego se asoció con dos personas para montar una fotocomposición, donde él era el fotógrafo. Pero su futuro estaba en Lerma.
Nada más llegar a la villa ducal decidió montar un pequeño estudio. Y pronto compró una casa y creó uno más amplio. «Iba a eso y no he buscado más trabajos ni nada. Yo era fotógrafo y de ello he vivido todo el tiempo», afirma. Hacía bodas, bautizos y comuniones, sin olvidar los eventos de los pueblos. Recuerda especialmente el trabajo en los enlaces matrimoniales. «Yo en las bodas vendía las fotos en el restaurante, montábamos los álbumes mientras comían y a vender por las mesas. A la hora del café, cuando la gente estaba más alegre», explica sobre esa técnica para comercializar en el mismo día. El sector ha cambiado mucho.
Así, como se había dedicado a las artes gráficas, le picó la curiosidad y probó con una revista que se llamaba El balcón del Arlanza. Era en blanco y negro, «medio cutre, pero lo sacaba». Y aprendió mucho. «No puede entrar uno en política ni en quereres particulares, hay que ser totalmente aséptico con las noticias», argumenta. Eso le sirvió para no opinar nada en su actual revista, Vive Arlanza. «Ahora me viene gente diciendo, por ejemplo, que tengo que sacar el tema de los coches y la Plaza Mayor de Lerma. Pero no, porque cada uno tiene su opinión y yo estoy en medio. Tengo mi opinión, pero no la expreso. Y si alguna vez he puesto alguna opinión es de cosas que no puedan ofender a nadie», desarrolla, mientras menciona que de los editoriales se encarga José Luis Arribas.
¿Y cómo empezó la revista? Pues De la Cruz trabajaba por entonces con El Correo de Burgos. «La culpa la tuvo el redactor José Francisco Corcuera, que me calentó la cabeza para hacer esto en la comarca porque veía potencial y me convenció, a él le destinaron a Soria y como a mí me había metido el gusanillo lo empecé». Algunos de los nombres que le echaron una mano a arrancar recuerda que fueron Julio César Rico o Yolanda Pascual. Y el apoyo de la Diputación ha resultado clave. «Llegué hasta Salas de los Infantes, iba tanteando un poco y me pegué palizas para repartir», recuerda. Luego, cuando ya lo conocían, buscó la colaboración de los ayuntamientos. Ha estado cobrando 75 céntimos por cada revista, hasta este año que la ha subido a 1 euro. Y finalmente se centró en Arlanza, aunque por cercanía llega a puntos como Cobos de Cerrato, Espinosa de Cerrato, Los Balbases, Villaldemiro, Villazopeque…
Los contenidos tampoco han variado con el tiempo y siempre han sido protagonistas las buenas noticias. «Si hay alguna negativa como cuando se intoxicaron los de Villafruela pues metí algo, pero sin detalles y sin husmear demasiado», expresa. Y del número que más orgulloso se siente es el de Las Edades del Hombre. «Me costó mucho y ahora presumo», dice. También se ha convertido en un testigo perfecto de la vida en el medio rural. «Se ve en los bares», comenta. No tiene pensado dejar la revista porque le da «vida», como se la da su huerta, la partida o el cine. Eso sí, suele animar a algún becario para que continúe con ella y así garantizar su futuro. Y aunque le ha costado, cada vez más gente colabora y le envía las imágenes de sus pueblos. «Ahora me aburren a fotos, que es lo que quiero», manifiesta.
El aplauso de toda la comarca
La plataforma ArlánzaTe, que agrupa a más de 30 asociaciones culturales, entregará el III Garbanzo de Plata a Miguel Ángel de la Cruz por ser un referente en la comarca. «Con una sensibilidad y profesionalidad únicas, ha sabido captar como nadie la esencia de esta tierra, sus tradiciones y el latido de sus gentes, siempre desde el cariño y el respeto profundos», aseguran. Para el fotógrafo y editor de la revista Vive Arlanza supone «una alegría al ser el reconocimiento a un trabajo en el que pongo mucha ilusión».
Inma Pascual, periodista ya jubilada de este periódico y de Villafruela -donde se entregará el galardón-, le conoce bien al haber realizado múltiples reportajes con él para Diario de Burgos. «No exagero si digo que quien no sale en Vive Arlanza no existe. Sus fotos son ya un valiosísimo patrimonio que forma parte de la historia de esta tierra», argumenta. Y agradece que dé voz a los pueblos.
Toda la comarca aplaude su labor. Carmen Castrillo, alcaldesa de la villa ducal, expresa que sus fotos «son memoria» y agradece que ponga el foco en el pueblo con arte, respeto y verdad. «Miguel Ángel, este reconocimiento es tuyo, pero el orgullo es de todo Lerma», añade. Inmaculada Sierra, regidora de Tordómar y diputada provincial, afirma que «su obra no captura imágenes, captura identidad» y que durante décadas han sido «los ojos que no juzgan, que no pasan de largo, que se detienen para recordar quiénes somos». Domingo López, alcalde de Cilleruelo de Arriba, habla de la «visibilidad a la esencia de la vida rural» y de que «llega donde no todos llegan». Las muestras de cariño son infinitas.
Fuente original: www.diariodeburgos.es