Maravilloso homenaje al pasado en un pueblo de Burgos

No sólo somos lo que hemos vivido; somos, también, ese lugar del que procedemos, por muy remoto que sea o que nos lo parezca. Somos (y nos explicamos, y no podríamos entendernos sin ellos) el candil que tantas veces guio los pasos de nuestros mayores cuando todo era noche y oscuridad y miedo; somos el caldero de cobre en el que nuestra abuela o bisabuela o tatarabuela elevó a la categoría de manjar cinco estrellas unas morcillas de esas que ya no se hacen porque es imposible que salgan mejor, como al parecer hacía una de las abuelas del que firma este artículo, Alejandra por más señas, de Pino de Bureba; somos el collerón, somos la romana, el barreño, el guillame, el hueso de atar pellejos, el llar, la trébede, la criba, la tumbilla, el martillo para abujardar las piedras…

‘Cosas de ayer’, que así ha dado en llamarse esta exposición que puede verse libremente hasta el último día de septiembre en el Centro cultural ‘La Consolación’ de la villa, tiene mucho mérito: de todos es sabido que hay muchos museos etnográficos en la provincia, valiosísimos todos para comprender nuestros orígenes; pero esta muestra temporal de Villamayor de los Montes tiene una cuestión que la hace excepcional: todos los enseres que se exhiben proceden de familias de este pueblo que los han conservado hasta nuestros días, y que generosamente ha contribuido a darle lustre. No es nada sencillo encontrar hoy, en una misma localidad, más de 400 elementos que nos vinculan con ese pasado inmediato que, sin embargo, parece hoy tan remoto.

Detrás de esta hermosa iniciativa se encuentra Clementino González, sacerdote natural de villa e historiador, quien un día tuvo esta ocurrencia y llamó al rebato de sus convecinos, que respondieron a la altura de su desafío. Belén Villalmanzo, una de las entusiastas participantes, explica que se trata de un homenaje: «Al patrimonio del mundo rural, tanto material como inmaterial; es un homenaje a nuestros mayores.Lo que se muestra en esta exposición es algo más que cosas: es un legado. Y todo tiene un significado. Y mucho valor. Honramos a nuestros padres y nuestros abuelos, y especialmente a la mujer rural: su papel ha sido esencial por la multitarea, por la economía de subsistencia… Tenía los hijos, la casa, la huerta, los animales… Y encima colaboraba con el hombre», apunta. 

Todo está perfectamente identificado.Todo está perfectamente identificado. – Foto: Patricia

Con esta iniciativa también se quiere dar valor al imprescindible papel de la mujer

González, feliz entre todos los aperos y elementos que conforman la muestra, es un río explicándose en cada pieza, da igual si esta se refiere a la vendimia, a la cocina, a la siega, a la educación, al hogar… Dividida temáticamente, permite al visitante hacer un viaje sensorial por ese territorio invisible (pero tan poderoso) del que procedemos. Hay piezas que visualmente llaman la atención por llamativas para quienes no las conozcan tanto como casi olvidadas para quienes un día estuvieron familiarizados con ellas. También sus nombres (qué importante llamar a las cosas por su nombre) tienen relevancia (menos mal que estos sobrevivirán eternamente gracias, por ejemplo, a Miguel Delibes).

Cada pieza es casi una joya.
Cada pieza es casi una joya. – Foto: Patricia

«Todas las piezas tienen nombre; y todas nos están contando una historia», subraya el páter en referencia a que no podemos ni debemos arrinconar lo que nos ha precedido entregándonos a los brazos de una tecnología que no tiene memoria. El propio Clementino González se mostró gratamente sorprendido del número de piezas que los vecinos de Villamayor de los Montes aportaron y lograron reunir; máxime cuando no habría sido descabellado que algunas se hubieran perdido al mediar un par de generaciones, lo que revela el cariño que los cebolleros tienen por sus mayores, por su pasado. Esta exposición puede verse hasta el 30 de septiembre -sábados y domingos- entre las 18:00 y las 20:00 horas. Para el resto de días, se recomienda contactar en este número: 625 924 861.

Fuente original: www.diariodeburgos.es