Bustalmundo, Praoredundo, Bisnuevo, La Cubicía, Bereluncho, Los Atrancos, El Torruntugal, Gostelario, Seldeoveja… Y así hasta 1.100 topónimos han rescatado del olvido Rafael Sánchez Fernández y Alfonso Ezquerra Zorrilla. Amigos de toda la vida, estos dos quintos espinosiegos del 82, han pateado durante dos décadas los siete ríos pasiegos, Rioseco, Estacas de Trueba, Lunada y La Sía, pertenecientes a las montañas de Espinosa de los Monteros, pero también los que se enclavan en los nacimientos del Nela y el Engaña, en la Merindad de Valdeporres, así como en las zonas altas de Sotoscueva y Montija (río Cerneja). Acaban de compartir su trabajo de investigación sobre la rica toponimia y etnografía pasiega mediante dos mapas interactivos en su blog 7riospasiegos.blogspot.com y un enlace desde la página de Facebook In Spinosa Nostram Portionem (En Espinosa, nuestra parte), que crearon a finales de 2023 para divulgar sus hallazgos.
Rafa y Alfonso comenzaron caminando y disfrutando de la exuberante naturaleza de Las Machorras desde muy jóvenes. «Somos muy de los cuatro ríos pasiegos», resume Sánchez, ingeniero forestal y responsable también de la Casa del Parque de Ojo Guareña. Y «el propio caminar nos fue llevando a indagar sobre el paisaje y el patrimonio etnográfico», relata. Al principio preguntaban a los lugareños, pero las conversaciones eran cortas. Poco a poco, los pasiegos les fueron conociendo y de la confianza nacieron entrevistas en profundidad con, al menos, 50 personas que conocían muy bien estas tierras. Cada vez más deshabitadas debido a las duras condiciones del clima y la pérdida de rentabilidad y posterior desaparición de las pequeñas explotaciones de vacuno de leche que antaño las llenaban de vida, ahora las habitan 230 vecinos frente a los 341 del año 2000. Con cada mayor que fallecía se iba una pequeña porción de una cultura en riesgo de extinción, algo que Sánchez y Ezquerra querían frenar.
Acaban de compartir sus mapas interactivos en el blog 7ríospasiegos
Comenzaron por observar como los mapas del Ejército y el Instituto Geográfico Nacional contenían errores, porque su información muchas veces no coincidía con lo que recibían de los habitantes del territorio. Percibieron que muchos pasiegos se conformaban con que se perpetuaran estos errores, pero estos dos investigadores de campo decidieron rebelarse hace ocho años y ponerse mapa en mano a digitalizar toda la información para garantizar su pervivencia y corrección. También han consultado documentos desde el siglo XIV y han rescatado topónimos que ya incluso nadie recordaba.
En sus mapas de los ríos pasiegos aparecen citados en torno a 200 cabañales (conjuntos de cabañas pasiegas) dispersos por las montañas de los siete ríos pasiegos, así como los nombres de cuevas, hoyos, pozos, cimas, peñas, sierras, collados, lagos, cascadas… y diversos puntos de interés etnográfico, como nataderos o cubíos (cobertizos semisubterráneos edificados para conservar alimentos a modo de neveras naturales y que también utilizaban para natar la leche), caleros (hornos donde se calcinaba la piedra caliza para producir cal), carboneras, molinos, puentes, mojones municipales o árboles singulares, entre otros.
De dónde vienen. Han observado la ligazón de muchos topónimos con los usos ganaderos. Bus, que explican procede de buey, encabeza muchas de las palabras con las que se nombran los lugares de parte alta de Estacas de Trueba y otras zonas. Sel, que en el dialecto pasiego significa lugar donde se recogía el ganado, también es el inicio de muchos topónimos, como Sel del Oso, Seldeoveja o Seldondiego.
Los dos investigadores concluyen que «existe un espacio territorial homogéneo, no solo desde el punto de vista toponímico, sino también etnográfico, arquitectónico y cultural que denominamos ‘Siete Ríos Pasiegos’, y que abarca zonas de los municipios de Espinosa de los Monteros, Valdeporres, Sotoscueva y Montija». Ahora buscan a lugareños de las zonas de Valdeporres, Sotoscueva y Montija que ahonden en lo ya investigado por ellos y ya están encontrando aliados interesados en ampliar su trabajo. También están abiertos a correcciones a su trabajo.
Fuera de su radio de acción, Sánchez se despide con el deseo de que su iniciativa sirva de proyecto piloto y en otros territorios de Merindades haya nuevos caminantes al rescate de la toponimia, «que es una herramienta donde se esconde mucha información de hace incluso milenios y que puede ayudar a investigadores de diferentes ramas a desarrollar estudios».
Fuente original: www.diariodeburgos.es