Sandalio es la estrella de la exposición. Ocupa un lugar privilegiado de la sala y son los pequeños los que le han puesto nombre. Acarician su suave pelo mientras aprenden que un tejón como él es una de las especies que habita en su entorno y uno de los animales que más sufre los atropellos de los vehículos. Está rodeado de aves, reptiles, insectos o fósiles. También de nidos, huesos, excrementos, pieles… una amalgama de elementos, de naturaleza en estado puro, sin filtros, apta para las manos más curiosas que ansían tocarlo todo y donde se evidencia lo desvinculados que nos encontramos del medio natural y de sus habitantes en una era en la que creemos saberlo todo y sino se lo preguntamos a Google. Bienvenidos a Bestiarium. Flora, fauna y otras criaturas del Arlanza.
La exposición, instalada en el CRV de Covarrubias, «se asienta sobre la idea medieval de como se imaginaban a los animales, muchas veces de una manera errónea y enseña también esa distancia que mantenemos a día de hoy con la naturaleza», explica Carlos Colio, uno de los artífices de esta muestra que educa, entretiene y conmueve a partes iguales porque el visitante aprende mientras toma conciencia de su ignorancia.
Para adentrarse en Bestiarium hay que dejarse engullir por un enorme tigre de cinco metros. Justo en su garganta aparece Pepa Renes para acompañar al visitante durante todo el recorrido. La exposición estuvo durante años en el Archivo del Adelantamiento, se cerró en la época covid y ha vuelto ahora en un espacio diferente y con nuevos contenidos. Además de ese espectacular acceso que llama la atención e invita a entrar, uno de ellos es la primera parada, la que hace referencia al Parque Natural Sabinares del Arlanza-La Yecla, donde se exponen troncos de sus principales especies. «En cuanto echen hoja las colocaremos para mostrarlas», añade Colio. Como contrapunto a la madera se exhiben una lata de refresco, plásticos o una pila. Lo que hay y lo que también hay en el bosque y no debería de haber. Lección aprendida, conciencia removida.
Muebles antiguos restaurados, muchos de ellos tomados del punto limpio de la villa rachela, cobijan cada elemento de una exposición que te hace sentir en casa, lejos de la frialdad de vitrinas, paneles o pantallas interactivas de otras muestras. «Aquí todo es analógico, hecho con inteligencia natural», comenta Noé Mendoza, a quien corresponde todo su diseño y puesta en escena.
La siguiente parada habla de esos bestiarios, persas, árabes, cristianos o medievales. «La percepción que tenemos hoy en día no es muy diferente a la que tenían. Antes por ignorancia y ahora por sobre información», relata Colio, que junto a Mendoza ha creado su propio bestiario, uno moderno en forma de baraja de cartas donde especies del Arlanza se fusionan con otros seres.
Para enseñar más sobre los mamíferos la muestra recoge pieles de un zorro o una garduña, para hacer un guiño también a la tradición de las tenerías de Covarrubias. «Queremos que toquen las pieles, que comprueben que no muerden. Pretendemos informar», relata Colio, que invita también a hacer sonar los cencerros para que los pequeños descubran algunos de los sonidos del campo o a que vean como es en realidad el nido que hace un pájaro carpintero en el tronco de un árbol, más grande de lo que parece desde fuera. En esta zona dedicada a las aves se pueden ver varias patas reales de distintos pájaros, para enseñar a diferenciar entre especies y se muestran un búho real o una tórtola. También hay nidos, la mayoría recogidos por Colio, agente medioambiental, o sus compañeros, en el campo.
(El reportaje completo y más fotografías, en la edición impresa de este miércoles de Diario de Burgos o aquí)
Fuente original: www.diariodeburgos.es