Sagrario, Raúl y Ana Rosa, tres autónomos en las trincheras del olvido

En las calles de Salas de los Infantes, los negocios no son solo un punto de venta; se trata de los últimos focos de luz en una España que lucha contra el silencio y el desamparo. Sin embargo, tras el mostrador, la realidad de quienes levantan la persiana cada mañana es de una crudeza que rara vez llega a los despachos de la administración. Estos empresarios pertenecen a ese 16% de la población activa española que se atreve con esta razón social: el autónomo.

Para Sagrario Huerta, dueña del bar Infantes y con más de 30 años de trayectoria a sus espaldas (y, cosas del destino, la madre que me parió), la hostelería supone un ejercicio de resistencia y la definición de su oficio es desalentadora: «es meterse en la boca del lobo». Tras verse obligada a cerrar su anterior bar en Castrillo de la Reina debido a la despoblación, decidió trasladarse a Salas de los Infantes. Sin embargo, el cambio de ubicación no ha suavizado las debilidades de una España «que agoniza». Su jornada, que a menudo llega a las 12 horas, no entiende de festivos ni enfermedades. «Aquí aunque estés con fiebre o gripe tienes que venir. Tengo dos hijos y no puedo permitirme caer», relata. La estructura de costes es tan rígida que cerrar un solo día por salud no detiene el contador de gastos fijos, puesto que «deben pagarse abras o no». Según su estimación, un solo día de baja supondría una pérdida neta de 145 euros diarios, solo en mantenimiento de suministros y cuotas. Esta presión a menudo obliga a cotizar por la base mínima, una decisión forzada por la supervivencia inmediata que proyecta una sombra de precariedad sobre su futura jubilación. Respecto a la posible contratación de un empleado, afirma que el 85% de los autónomos en pueblos pequeños trabajan solos, por lo que tienen que asumir toda la carga de trabajo ya que contratar es imposible.

Cada negocio que cierra es una herida para el pueblo, pues nadie lo vuelve a abrir»

Ana Rosa Caraballo, mercería

Andrea Diez, su hija, encarna un pilar fundamental en el negocio ayudando siempre que puede. Juntas han tenido que navegar contra viento y marea. La pérdida de Mariano, marido de Sagrario y pieza clave del engranaje familiar, fue un golpe que habría hundido a cualquiera, ya que el negocio lo llevaban ambos. La empresaria matiza que su marcha estuvo marcada por una sanidad rural «olvidada», con falta de recursos en la atención primaria. Sin embargo, lejos de rendirse, madre e hija han transformado ese dolor en coraje y valentía.

Sagrario, Raúl y Ana Rosa, emprendedores en Salas de los Infantes, ponen de manifiesto las dificultades que afrontan en su día a día y su lucha por mantener viva la luz de los pueblosSagrario Huerta, junto a su hija Andrea Diez, en el negocio que juntas sacan adelante. – Foto: F2estudio

Raúl Mínguez es un ejemplo de lo que se podría conocer como un «retorno al desamparo». Él regresó de Madrid a su pueblo en 2022 con la ilusión de emprender en su tierra, y abrió el bar La Fragata, pero se topó con un muro burocrático. «Se me habló de múltiples ayudas que, finalmente, ninguna llegó. Tuve que seguir adelante por mi propia cuenta», relata con frustración. Y es que Raúl halló que las subvenciones exigían aumentar la plantilla un 20% el primer año, requisito inviable ante la decreciente densidad de población local. A sus 35 años, gestiona su bar prácticamente solo, destacando ayudas puntuales en momentos del año de gran afluencia ya que, como añade, no puede permitirse «tener a un trabajador contratado siempre». Además, Mínguez cuenta que ha tenido que recortar horarios entre semana debido a las pérdidas que supone mantener el servicio abierto en invierno. Para él, el talento rural existe, pero «no se dan las facilidades para que se desarrolle», sintiendo que «la administración trata por igual a quien tiene mil clientes que a quien a penas ve pasar a diez».

La administración trata igual a quien tiene mil clientes que a quien ve pasar a diez»

Raúl Mínguez, bar La Fragata

Comercio. Ana Rosa Caraballo, al frente de su mercería Coser y Cantar desde 2017, completa este análisis desde la perspectiva del comercio minorista. Coincide plenamente con Sagrario y Raúl en la asfixia que suponen las mismas cargas fiscales ante la desigualdad de oportunidades. «Pagar los mismos tramos de autónomos e impuestos con mucho menos volumen de clientes es injusto», sentencia. Ella es testigo directo de lo que llama «el apagón de las calles». Sabe que cada negocio que cierra representa una herida para el pueblo, pues «comercio que se cierra, nadie lo vuelve a abrir». Por ello, Caraballo se ha visto obligada a digitalizarse y buscar en las redes sociales el escaparate que la calle ya no le proporciona de forma natural. Su resiliencia es admirable, con largas jornadas de trabajo ininterrumpido a sus espaldas, pero su advertencia constituye gran claridad: el camino se está poniendo «muy cuesta abajo» debido al encarecimiento de las materias primas, que han subido un 18% en los dos últimos años, y la falta de incentivos para quienes mantienen viva la economía local de la España Vaciada.

Raúl Mínguez regresó a Salas en 2022 con la ilusión de emprender en su pueblo.
Raúl Mínguez regresó a Salas en 2022 con la ilusión de emprender en su pueblo. – Foto: F2estudio

Aquí, aunque estés con fiebre o gripe tienes que venir. Tengo dos hijos y no puedo caer»

Sagrario Huerta, bar Infantes

El diagnóstico de estos tres negocios en Salas de los Infantes es unánime. Los autónomos rurales representan «trabajadores de alto riesgo» que sostienen la vida social de sus municipios. Sagrario, Andrea, Raúl y Ana Rosa no solo venden café o arreglan ropa; son la posibilidad de que los pueblos sigan siendo lugares habitables. Ellos no solo resisten por su propia economía, sino por el derecho a que la vida en los pueblos sea un futuro. Si el sistema no aplica cambios fiscales positivos y mejora servicios como la sanidad y la conectividad, estos «valientes» terminarán por ser los últimos en apagar una luz que el país no se puede permitir perder.

Fuente original: www.diariodeburgos.es