Santo Domingo de Silos (Burgos) aclama a Torrente, el presidente que no juega al dominó

Pocos pueblos tan acostumbrados a convivir con presidentes del Gobierno comoSanto Domingo de Silos, que durante años convirtió en un imprescindible del verano la visita de Aznar al monasterio y su partida de dominó. Para entonces, los monjes benedictinos ya eran una estrella mundial gracias a su disco de oro de canto gregoriano (1994)y Santiago Segura había ganado un Goya como actor. Pero unir la música celestial y El día de la bestia no es una misión cualquiera y ha requerido que el brazo tonto de la ley llegara a gobernar algo más que la taquilla.  

¡Hombre, Santiago! ¡Presidente! Ni la gorra ni la vestimenta informal ni la pose familiar permitieron al creador de Torrente pasar desapercibido ayer en su visita a la provincia de Burgos. Hasta los monjes de la abadía, supuestamente ajenos al mundanal ruido, habían escuchado hablar del mítico expolicía y su saga. Les sorprendió, eso sí, que no fuera gordo como en sus películas. 

Santiago Segura comenzó el día en el desfiladero de La Yecla, en compañía de su mujer, sus dos hijas y su gran amigo Juan Miguel Cámara, de Carazo, artífice de que la visita a la comarca.Después acudieron a escuchar el canto gregoriano de los monjes en el Oficio de Sexta, que dejó impresionadas a las jóvenes Calma ySirena, actrices ellas también en la saga Padre no hay más que uno. «Es igual que en la película, un crack.De todo hace humor», comenta Emeterio Martín, alcalde de Silos, que ayer tuvo la suerte de disfrutar de la compañía del cineasta y de comprobar el cariño y la amabilidad que dispensó a todo el que se cruzó con él. También ejerció de anfitrión en el Hotel Tres Coronas   con una comida en la que no faltaron el chorizo, la morcilla y un sabroso lechazo de ese que en el bar de Cañita Brava ni huelen. 

La chavalería del pueblo aprovechó para hacerse una foto con él en la escalera antes de que volviera al monasterio para, acompañado por el padre Dionisio Rubio, admirar su bello claustro románico y otras joyas. Después, sin tiempo para visitar el cementerio de Sad Hill, volvieron a casa. Antes, se le vio pasear pensativo, observando entre columna y columna y mirando al cielo… Quien sabe si en la próxima, Torrente aspirará a un reino que no sea de este mundo.

Fuente original: www.diariodeburgos.es