Un primer sondeo en 2023 arrojó la cifra inicial de cinco individuos. La excavación de 2025 en Paradores de Mena elevó la cifra a veinte y ahora ya hay indicios antropológicos de, al menos, veinticinco. Juan Alberto Cabello, el arqueólogo que analizará una a una más de 500 piezas dentales acumuladas tiene por delante la tarea para constatar cuántos hombres y mujeres fueron depositados en el túmulo funerario de La Trabanta I, donde esta semana Raúl Martín Vela, director del proyecto, sigue buscando la cota fundacional del enterramiento de entre el final del Neolítico y la Edad del Cobre -4.000 A.C. a 2.000 A.C.-. Podría aparecer estos días o quizás haya que esperar a la campaña de 2026, puesto que el Ayuntamiento menés ya ha mostrado su interés por continuar con esta investigación arqueológica de la mano de la Diputación Provincial, que este año ha otorgado una ayuda de 5.400 euros.
Cabello tiene que identificar «cada una de las piezas y la que más se repita ayudará a conocer el número mínimo de individuos». La salud bucodental del Neolítico era muy mala y se perdían muchos dientes, con lo que el número total de piezas no permite saber a cuántas personas pertenecieron. Aparecen con graves afecciones y muy desgastados en las cúspides, la zona por donde masticaban y que usaban «como una herramienta más». La alimentación a base de harinas llenas de tierra les hacía mucho daño. La caries estaba a la orden del día y las lesiones de la raíz sugieren que sufrían muchas infecciones de las encías, como explica Juan Alberto Cabello.
Los investigadores también tratarán de localizar el origen de los huesos de La Trabanta I, porque en este dolmen no se han hallado cuerpos completos, sino más de un millar de restos óseos, sobre todo de cráneos, brazos y piernas. «Los túmulos y los dólmenes se reutilizaron y se reinterpretaron durante toda la Prehistoria», resumen Martín, quien explica que en estos lugares sagrados no solo se enterraba, sino que funcionaban también como lugares de reunión para rituales o celebraciones.
Un puzle de 500 piezas dentales – Foto: A.C.
La inmensa mayoría de los huesos están muy fragmentados y muchos, pulidos en sus extremos, algo que habrá de investigarse y que sostiene la teoría de que este túmulo se utilizó como destino secundario de los restos después de un entierro inicial en otro punto. «Posiblemente, la cámara original de este dolmen esté aquí al lado, bajo el árbol», vaticina Martín Vela, a quien las lajas que hay en el roble contiguo a La Trabanta I le llevan a sostener esta teoría. Pero pudieron proceder de La Trabanta II, una mota de tierra bajo la que se esconde un enorme túmulo a 300 metros del que excavan y que promete ser uno de los más grandes de la Península Ibérica. «Podrían ser huesos reliquia, que se desplazaban a otro lugar por motivos religiosos que desconocemos», explica. Tampoco le encuentra explicación a que algunos estén pulidos. Y lo curioso es que han hallado en el dolmen huesos largos de conejos, ovejas, cabras, cerdos y vacas, algunos también pulidos.
Por delante quedan muchas horas de despacho para la redacción de la memoria científica y técnica con un pormenorizado estudio forense, fotografías, fotogrametrías en 3D, vuelos con dron o planimetrías. Como resalta el alcalde menés, José Ranero, «estamos ante una parte de nuestro patrimonio que aún tiene mucho que contarnos y permitirá situar el Valle de Mena en el mapa del patrimonio megalítico de Castilla y León».
Fuente original: www.diariodeburgos.es